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jueves, 24 de septiembre de 2026

Programados

El gran problema de la generación milenial en España es que carecemos de un verdadero «nosotros» y, por eso, recurrimos a toda clase de pequeños sucedáneos.

    Se nos ha educado en la idea de que conceptos como la patria —ya ni siquiera la nación— son caducos y de que su semiótica es ridícula o falsaria. En su lugar, se nos ha inculcado una difusa pertenencia moral, totalmente interiorizada pero extremadamente superficial. Juzgamos algo como «bueno» o «malo» dependiendo de si suena más a un color político que a otro. Si los malos hacen algo, no dudamos en magnificarlo hasta dimensiones apocalípticas y, después, lo enfrentamos de manera puramente performativa: ruido, post, selfie de manifa y vuelta a casa, satisfechos de estar en el lado correcto de la historia.

    Pero si los buenos hacen algo verdaderamente horrendo... nada. En los casos más extremos, los hay que ni siquiera conciben la posibilidad de que eso suceda. Otros recurren al «pero, profe, Jaimito también hablaba» o al «debemos dejar que Jaimito queme la clase porque, si no, Menganito podría detonar una bomba de hidrógeno». En los casos menos graves, simplemente hay un rechazo a informarse sobre ciertos temas porque intuimos que hacerlo comprometería nuestra imagen del mundo.

    En mi experiencia, la disonancia cognitiva alcanza límites aún más delirantes en las regiones en las que está presente otro sustitutivo de la patria: el nacionalismo. Por ejemplo, en Mallorca discutimos constantemente sobre las tradiciones que se pierden, la saturación turística, los extranjeros ricos que se compran fincas, la diglosia o el sexo de los ángeles. Hacemos muchísimo ruido y gastamos cantidades ingentes de tiempo, tinta y dinero en esos temas. Y, sin embargo... el colapso de la sanidad pública y las sucesivas huelgas de sanitarios son un tema secundario. El efecto de la inmigración masiva sobre los servicios públicos, la vivienda, la seguridad o la cultura es tabú. Las ramificaciones de la corrupción en el Ejecutivo y la bancarrota del sistema democrático directamente se ignoran.

    Si las cosas llegan a un punto límite, nuestra generación no hará nada, porque carecemos del «nosotros» por el que sí valdría la pena alzarse y luchar. Se nos ha enseñado que la patria no es más que un sinónimo del franquismo o del nacionalismo decimonónico; pero los pocos que creemos en ella, cuando vemos la bandera, pensamos en la comunidad, el compromiso cívico, la historia compartida y nuestros amigos repartidos por toda la geografía nacional. En cosas que existen de verdad, más allá de los discursos. Y, sin embargo, la mayoría de nuestros coetáneos han sido adoctrinados para ver un simple trapo que solo puedes agitar sin parecer bobo o mala persona cuando juega la selección.

    Por eso, cada día que pasa estoy más convencido de que mi generación puede tener un efecto tan malo para el país como la generación boomer. Pero a diferencia de ellos, nosotros haremos rehenes a los jóvenes sabiendo lo que se siente y sin haber disfrutado siquiera de las mieles de la abundancia. El milenial es estatólatra por costumbre y dependencia, no porque el Estado (cada vez más ruinoso) nos esté dando nada bueno.

lunes, 15 de junio de 2026

¿Te parece mal?

La gran victoria de la izquierda española y de los nacionalismos periféricos no consiste en tener un rebaño que justifique todos sus crímenes, sino en haber conseguido que a mucha gente de izquierdas o de centro le dé absolutamente igual lo que ocurre, aunque sobre el papel diga que la corrupción «le parece mal».

    Les parece mal, pero se van a dormir tranquilos. Les parece mal, pero solo saldrán a la calle si algún día la derecha vuelve a gobernar. Les parece mal… si es que llegan a enterarse de algo, porque desde que no está Rajoy, andan muy desconectados. Curiosamente, el epítome de esta tendencia lo representan generaciones como la mía: las más maltratadas por las crisis y las decisiones políticas de principios de los 2000. ¡Precisamente quienes conocimos cómo eran las cosas antes y nunca pudimos llegar a disfrutarlas!

    Y lo peor: en el fondo de todo esto no está el miedo a ser llamado facha que existía hace unos años. Lo que hay es una indiferencia absoluta y una profunda alergia a reconocerse en los propios paisanos. El tiempo ha demostrado que, para luchar por una sociedad un poco más justa, primero tienes que amar a tu país e identificarte con él, aunque sea un poquitín. Si eso no existe, solo queda el deseo de moralizar o de fastidiar al rival político.

    Si para ti España es un chiste, algo de lo que avergonzarse o una no entidad, nunca harás nada porque, en el fondo, aunque veas cosas que «te parecen mal», no tienes la sensación de estar jugándote nada, ni sientes que te estén quitando algo valioso o que lo estén arruinando para quienes vendrán después de ti.

jueves, 25 de julio de 2024

Nuevos comienzos

Las ideologías derivadas de la Ilustración tienen un problema a la hora de conceptualizar la Modernidad. 

    En teoría es una avenida hacia la libertad dentro de un marco de mínimos. Se supone que a partir de dicho orden cada individuo desplegará libremente su potencial y, en consecuencia, los grupos humanos se volverán mucho más heterogéneos. Sin embargo, por mucho que asociemos la Modernidad a la ciencia y el orden, lo cierto es que en el siglo XXI es imposible negar que esta se ha probado como una fuerza profundamente entrópica. En la cultura popular se asocia dicha palabra  a imágenes de caos y destrucción , dejando de lado un aspecto fundamental: a medida que la entropía se asienta en un sistema sus divisiones internas se desdibujan. Es decir, se vuelve más homogéneo.

    Es imposible fijarse en el mundo globalizado o las tensiones presentes en tantos países de nuestra órbita (sospechosamente parecidas entre sí) y negar que esté sucediendo precisamente eso. Nos enorgullecemos de tolerar más divergencias respecto a lo normativo en tiempos de nuestros abuelos, sin entender que estamos peleando con monstruos imaginarios: hace décadas que ese mundo desapareció. Pero eso no significa que haya muerto la normatividad: aunque supuestamente tengamos más margen de maniobra, usamos esa libertad para llevar vidas de lo más uniformes. Si no existiera una norma nuestra cultura no podría haberse vuelto tan sarcástica. 

    Cada día es más evidente que la pescadilla se muerde la cola y nos encontramos en el final de una era.  Esta es la raíz de la polarización que se ha adueñado de Occidente: quienes ostentan el cetro se niegan a aceptar que el pozo de las ideas se ha secado y es la hora de mirar las cosas desde otra perspectiva, quizá una más próxima al hombre de a pie. Con esto no voy a ser equidistante: desde hace mucho la pelota está en el tejado de las fuerzas e instituciones que se autodenominan progresistas. A día de hoy representan el elitismo, el clasismo y el inmovilismo mucho más que los conservadores más recalcitrantes. No puede ser que se asusten cuando cada vez más ciudadanos deciden irse al campo de individuos como Trump pero que su única explicación sea que se trata de paletos fascistas ¡Si la gente se decanta por eso es que algo malo habrán hecho quienes llevan las riendas, digo yo!

    En fin. Insisto en que nos encontramos al final de una era, o mejor dicho: el convulso nacimiento de un tiempo nuevo. Si las clases gobernantes y el establishment cultural se niegan a aceptarlo, tarde o temprano acabarán totalmente desplazados. No hay vuelta atrás, y cuanto más nos resistamos a aceptar esta realidad más agitada será la transición y peores las alternativas. 

    No obstante… es un nuevo comienzo. La promesa de volver a ver el mundo con los ojos inocentes de un niño debería ser suficiente para que aceptemos las privaciones del camino. Cuanto antes nos pongamos las botas y salgamos, mejor.

martes, 14 de noviembre de 2023

What is happening in Spain?

Perhaps some of you have heard that in Spain there are protests by citizens, professional associations and public organizations against a law that the current provisional government intends to approve to gain the support of other parliamentary groups. Many say that this law would de facto abolish the division of powers in the Kingdom of Spain and would put us at the level of a banana republic where politicians from certain parties can commit whatever crimes they want and trample on the rights of citizens with impunity. Fasten your seatbelts, because this is completely true and I'm going to explain you why...

    The story of Pedro Sánchez and Catalan separatism is so long and winding that it would require several articles to explain it in detail, but I will do my best to summarize all the most relevant points here, although feel free to ask me for more details. In simple terms, the following is happening: the current acting Spanish president lost the general elections, but since he came in second place he can repeat his term if he obtains enough support from other political parties present in the Congress of Deputies. To achieve this, he intends to approve an anti-constitutional law that not only grants amnesty to politicians convicted or fleeing from justice abroad, but also completely abolishes judicial independence and grants criminals all available resources so that they can commit crimes again, intention they have already expressed on repeated occasions. In fact, not only will they be given those resources, but they will be forgiven for the titanic debt they incurred due to their abysmal management by taking that money from the rest of the Spanish regions.

    The beneficiaries of the amnesty will be the Catalan politicians who called an illegal independence referendum in 2017. The Catalan independence movement (“Procés”) has a decades-long history of media gaslighting and propaganda; But for the sake of space, here I am only going to focus on the events that led to the conviction of its later instigators.

Before beginning I must make it clear that although I am strongly opposed to Catalan nationalism, I consider the existence of independence parties is perfectly legitimate. What is not legitimate is that in order to achieve their objectives, these parties or those of any other ideology commit crimes, especially when there are legal channels to pursue their ultimate objectives. It is also important to say that not all of the Catalan population (not even half) is in favor of independence or even has a nationalist ideology. In fact, many people are disgusted that their political representatives and neighbors march with torches like the Nazis did, or that they make perverted use of the law to try to prevent Spanish from being spoken in schools. That is why a large part of the secessionist media apparatus has also made an effort to exploit the disenchantment and indifference of the population with Spanish politics in general, something undoubtedly shared in other regions that have to suffer the same as them. The success of these disinformation media has been to make the population believe that local politicians are the lesser evil, when in reality they are at the center of their problems... and those of the rest of the nation.


THE SECESSIONIST PROBLEM

After being warned many times that a regional government organizing a binding vote to unilaterally separate from Spain was illegal, Catalan secessionists turned a deaf ear and on October 1, 2017 organized a illegitimate referendum. Illegal voting was carried out in schools, using children and the elderly in meatshields and coordinating with various foreign disinformation media. Unlike most of the innocent people who voted (if we are to believe the irregular census provided, only two million of the five million local population voted), the politicians who organized it knew that they had no serious chance of achieving anything, but they went ahead anyway to force the hand of the State, which could not sit idly by in the face of such a challenge. They avidly sought one thing: photos of martyrs and repression for the international press. The Catalan population, even those who were not in favor of independence or were indifferent to it, were deceived by the local media into believing that a legitimate vote was taking place, after months and years of ideological bombardment.

    The situation was so serious that there were even fears of subversion in the regional police (yes, the “oppressed” Catalan Generalitat has its own police force), which went so far as to destroy incriminating documents and confront other police forces. In fact, the central government had vetoed the shipment of new ammunition for months, since said force had tried to buy weapons more suitable for war than for police functions. It was later discovered that the Generalitat even had considered the possibility of obtaining support from Putin by creating a military base in the port of Barcelona. Apart from that, there were serious riots in the region by the most radical elements of the independence movement and all types of sabotage were also carried out. Fortunately, many terrorist acts were stopped before they could take place, but their planning has been amply proven judicially.

    At this point it is important to explain several contextual elements that totally refute the secessionist argument that Spain refuses to dialogue peacefully with them:

    Before the illegal referendum was consummated, the then-regional president Carles Puigdemont (successor of Artur Mas, who initiated the secessionist process) was invited twice to the house of Spanish sovereignty - the Congress - and on both occasions he abruptly refused, claiming that he did not want to participate in an open debate: he just wanted to make a speech, without a response or question round. Precisely one of the reasons why all this is happening is that many territorial issues in Spain are discussed behind the scenes: the politicians of the large national parties have a long history of granting privileges and concessions to nationalist local governments in exchange for their support in Congress. All this would change if the Senate fulfilled its function as a chamber of territorial representation, that is, a place where the representatives of the various Autonomous Communities of Spain could openly say what they think about themselves and their neighbors... Perhaps this is how the the international press would see once and for all the hatred, classism and nineteenth-century supremacism of the ideologues of the independence movement when they talk about the ideological basis of their projects.

    The Spanish Autonomic (territorial) system is imperfect, but it is also much more decentralized than that of many federal states. Our Constitution does not have perpetual articles, and in fact it contemplates legal means to alter it or convene a new constituent process. Following the appropriate channels and with a valid majority, the Spanish monarchy could become a republic and the debate on territorial secession could even be opened. However, the leaders of the independence parties and their staunchest followers opted for unilateralism, fake victimhood, and when all that failed, violence; because as their president has already demonstrated, the mask of the peaceful victim quickly slips when they are offered the possibility of having a public conversation about their ideas and they reject it. All of these crimes were financed with public money, that is, with corruption not only towards their own citizens (which would be serious enough) but also towards the rest of the Spaniards whom they claim to hate so much. In fact the unfortunate slogan “Spain steals from us” could not be more false: Catalonia has long been one of the richest regions in Spain, home to many multinationals, with a vast industrial infrastructure, and the seat of many important cultural events; and despite this, it is proven that it is one of the territories where public funds have been managed the worst and money is wasted the most. Despite this, the ex-president of the Catalan Generalitat Artur Mas (convicted of corruption) invented a story of economic grievance with respect to the rest of Spain to try to counteract the massive mobilizations against him during the economic crisis that began in 2008, and in the process attract to the independence movement to non-nationalist citizens, in many cases “charnegos” (i.e. descendants of emigrants from other regions, especially Andalusians) that Catalan nationalist elites have always treated as subhuman.

    But returning to the events that occurred after the illegal vote, the central government chose to apply Article 155 of the Constitution in the most lax and brief way possible, that is, without actually suspending Catalan autonomy when it was legal and appropriate to do so. In my opinion that was a serious mistake. Some "Procés" leaders alleged that they would stay in their positions to resist until the end, deceiving their allies and followers while they fled out of the country, with the intention of internationalizing the conflict and creating problems within the European Union. Precisely this escape precipitated the immediate arrest of those who had stayed behind, so that they would not decide to flee as well after risking the integrity of the people they had deceived.

    The trial of those responsible for the "Procés" was long and complex, but so that there were no doubts about the court's proceedings, there was total transparency, it was followed minute by minute by all the media and live by the citizens. According to proven facts, if we examine the penal code clearly the worst crime committed by the Catalan leaders was rebellion. In fact, the conviction for rebellion was what the state attorney's office and the prosecutor's office requested, and according to judicial sources it was also what the Supreme Court judges saw. Except for the flight of Puigdemont, who lost much of his power, the Catalan issue seemed, if not completely resolved, at least contained and on the right track. A conviction for rebellion could later have been used to outlaw pro-independence parties for crimes in a fair way: for their crimes, not for their ideas or desires.


THE ARRIVAL OF SÁNCHEZ

But this is where the man called Pedro Sánchez comes into play. Sánchez is a politician from the PSOE -Spanish Socialist Workers' Party- who had been expelled from the leadership of his party for his dubious democratic conduct, among other things. However, what the old guard of the PSOE did not count on was that part of the party's bases (those responsible for choosing the candidate) had gradually become more and more populist. Sánchez took advantage of this to, in an unexpected (almost Trumpian) turn of events, be re-elected as a socialist candidate against all odds. Once settled in that position, he called a successful motion of no confidence against the government of Spain at the time (marred by cases of corruption in the conservative party) and called a general election.

    At that time there was a lot of fear that Sánchez needed the independentists, other nationalists and the communists of Podemos to govern. But Sánchez said that there was nothing to fear because he would not agree to anything with them in any case...

    The first thing Sánchez did was change overnight the representative of the State Attorney's Office in the trial of the secessionists. The said body immediately went from requesting a sentence for rebellion to one for sedition, and both it and the Government (in a totally illegal and undemocratic manner) exerted great pressure on the court so that this was finally the sentence, with the most lax punishments possible. It should be said that one of the main differences between rebellion and sedition is the use of violence, and this had been widely proven during the trial. At this moment many people downplayed the issue, despite its seriousness. They believed that it would be a momentary measure to ensure the investiture and calm Catalan politics. But Sánchez obviously did not stop there, because although politicians are generally ambitious liars, Sánchez is willing to transcend all the limits of what is acceptable in broad daylight.

    After this attack on the rule of law, the leader of the PSOE and his psychophants said many times that they would NEVER pardon the secessionist leaders... only to be proud of doing just that a few months later, when they needed their votes to stay in power. Not satisfied with this, and seeing that with the 2020 pandemic (during which the government stood out for its incompetence and illegalities) their position was weakened, they decided to give another gift to criminals: they eliminated the crime of Sedition from the Penal Code, and reduced the penalties for embezzlement of public funds; crimes for which the secessionist leaders had been convicted. And they did all this while the secessionists repeated the same thing over and over again: that they did not regret the damage caused and that they would do it again. Not content with this, Sánchez ignored the pressure from the European institutions, which demanded that the various bodies of the judiciary should be chosen entirely by the judges and placed a majority of his supporters on the constitutional court, foreseeing that at some point he would need them.

    After all these terrible decisions and many others on issues unrelated to this is when we arrive at the current moment. Sánchez and his supporters, before this year's general elections, repeatedly insisted that they would NEVER grant amnesty to pardoned independence leaders (to erase their crimes) or to those who carried out or planned violent acts in Catalonia, much less to the politicians who had fled abroad to avoid being judged. And now, months later, not only are they going to amnesty them all... but they are going to force the judges to close all related cases, they are going to allow those convicted not to return a single cent of the five million euros they stole (only for the illegal referendum, without counting other things) and they are going to forgive all the debt of that regional administration (the result of decades of bad management) with money from the rest of Spain. In fact, Sánchez has already showered the criminal parties with tons of subsidies, and plans to give them control over strategic infrastructure and the total money collected through taxes in the region... so that they can repeat their coup d'état again, but with a greater chance of success and harm for innocent people. But the worst thing, by far, is that the PSOE has included in the pact document the seccesionist claim that in Spain there was lawfare against the independentists, and that for this reason POLITICAL COMMISSIONS WILL BE CREATED TO CONTROL THE JUDGES; just destroying the Separation of Powers, one of the foundations of democracy.... in fact, the key element to preventing tyranny.

    Needless to say, all of this is anti-constitutional in a way so obvious that it hurts the eyes... but do you remember what I said before about the Constitutional Court?

    Faced with this, not only have the constitutionalist political parties and more than a million people demonstrated in the streets of the entire nation last Sunday, but also countless civil servant bodies, associations, professional associations, bodies of the judiciary, employers' associations and many more. But Sánchez is not going to give in because the only thing that matters to him is staying in power at whatever price is necessary. He is not going to call elections now because the veil of falsehood has fallen and he would have to admit his intentions during campaign. If nothing changes, he will call elections in four or five years. His plan: seeing the economic storms on the horizon, let the economy collapse and subsidize large percentages of the population with public money to create a captive vote. The ultimate goal: for Spain to become something similar to certain Latin American republics that Sánchez has as a model, “democracies” where everyone with half a brain knows the corruption of the ruling party but fears losing subsidies. And if he is still voted out of power, then his radical allies (not just the Catalan secessionists) will seriously and perhaps fatally destabilize a new government trying to fix what the PSOE has destroyed.

    This is the most serious challenge that Spanish democracy has suffered, even more so than the attempted coup d'état of 23-F, at the end of the last century. The situation is so serious that only the perseverance of constitutionalists, international support or a miracle can save us. They say that “the price of Freedom is eternal vigilance”, and it is so true that in Spain it was enough for us to fall asleep for a few moments for democracy to crumble. Perhaps we are already lost, but I hope that my story of what is happening here will help open eyes abroad, to prevent the rise of other maniacs blinded by ambition.







viernes, 10 de noviembre de 2023

Es ahora

Las manifestaciones, por masivas que sean, no van a hacer que el actual gobierno decida convocar elecciones. Pero son necesarias para que quienes pueden echarlo o al menos ejercer presión real vean que tienen una oportunidad para cumplir su deber con la constitución y la ciudadanía. Por eso hay que ir, aunque uno no esté acostumbrado, y cuando más seamos más verán quienes aún no se atreven a alzar la voz que no están solos. Y si eso no funciona al menos podrás decir que cuando la casa se desmoronaba te mantuviste de pie y no con la cabeza gacha del esclavo.

    Desde mis días de universitario he despreciado las manifestaciones y el mundo asambleario, y llevo como una medalla el no haber ido a ninguna en todos esos años ni los años siguientes, ni haber permitido que ningún colectivo nebuloso se aprovechara de mi presencia. Pero hemos llegado al punto límite: es ahora que hay que dejar caer el manto de apatía que hemos cargado los constitucionalistas todos estos años, de dejarse ver y hablar claro. Si de verdad te preocupa lo que está pasando haz como yo, anula tus citas del domingo y plántate en tu capital de provincia. Y si puedes convencer a alguien de que se sume a un momento tan importante, mejor.

    Los nubarrones que se nos echan encima son tan negros que no podemos permitirnos los habituales "es que..." remilgados: da igual que haya gente y partidos políticos que busquen capitalizar las movilizaciones, se están desmantelando los últimos resquicios del estado de derecho y la ciudadanía española. Estamos hablando de tiranía, y frente a eso no hay excusa posible: el deber del hombre libre es alzarse y ser un ejemplo para las generaciones venideras 

sábado, 8 de julio de 2023

El mito del retroceso

Cada vez estoy más harto de la dialéctica de avanzar-retroceder que sale a flote siempre que hay elecciones. 
    Por poner un simple ejemplo: el mundo posmoderno ha vuelto a gente más infeliz y los problemas mentales se han disparado hasta el punto de fetichizarse. Sin embargo, los predicadores que a la mínima te acusan de querer volver al oscurantismo prefieren callar en vez de admitir un retroceso como consecuencia de ese deambular sin rumbo. Si los hechos los acaban acorralando lo habitual es que señalen una conspiración del capitalismo, los curas y el fascismo; sin caer en que hoy día los grandes capitales son sus correligionarios, los curas van por el camino del Dodo y el fascismo, lejos de ser un hombre del saco conservador, se refleja en la totalitaria huida hacia delante de la socialdemocracia.
    En lo personal creo que el eje para valorar la realidad es y será siempre bueno-malo o mejor-peor. Lo de avanzar-retroceder es una patraña, porque lo único que avanza en esos términos jamás retrocede y se encuentra más allá de nuestro control: el Tiempo. Mucho antes de que la Modernidad nos hiciera creer en el mito del "avance" según los grandes designios de unos pocos iluminados el progreso se daba de forma natural por un hecho simplísimo: los antiguos no eran estúpidos y les gustaba vivir bien tanto como a nosotros. En los últimos tres siglos el idealismo utópico (i.e. el progresismo) ha matado a más gente que todas las inquisiciones juntas, y sin embargo en vez de aprender la lección el miedo a volver a las cavernas nos hace seguir claudicando una y otra vez.

jueves, 2 de marzo de 2023

Mil y una máscaras

Siempre me han parecido interesantes las máscaras que el mal puede llegar a vestir para envolver poco a poco a las personas, hasta que escapar es prácticamente imposible . Por ejemplo, en Baleares y en otras autonomías con movimientos nativistas es muy complicado que alguien que no haya tenido un encontronazo lo suficientemente desagradable reconozca que existe un problema y que en el fondo la sociedad mallorquina está siendo tremendamente excluyente. Por mucho que pisen sus derechos cada día o vean injusticias acaban quitando hierro a todo, hasta el punto que no basta con señalar obviedades para convencerlos de que algo funciona mal. Hay que tener la pacienciade invertir un buen rato (hasta horas) en sentarse a desmenuzar mil ejemplos para que una sola persona abducida por la cultura de "lo nostro" abra un poquito los ojos.

    Con el tiempo me he acabado convenciendo de que lo que mantiene en pie esta fantasmagoría es una simple cuestión de imagen. El miedo a la represalia y el deseo de trepar a toda costa desde luego están ahí, pero tampoco debemos sobredimensionarlos*. El statu quo nacionalista no sigue en pie por sus dirigentes en la clase política y sus colaboradores en el funcionariado o el activismo, sino porque subrepticiamente hace del ciudadano bienintencionado el principal cómplice. Y esto es posible por muchos factores, pero sobre todo porque saben crear la imagen apropiada: una estética del bien adaptada a las tendencias actuales. Por eso aunque las habituales comparaciones del nacionalismo catalán o vasco con el fascismo son pertinentes (la conexión histórica está ahí) también son contraproducentes ante un público amansado y convenientemente poco educado en dichas cuestiones.

    Ahora los nacionalismos periféricos ya no recurren a botas altas, brazos en alto y otros males conocidos; sino que copian la parafernalia de los movimientos por los derechos civiles, anticoloniales y reivindicativos modernos: envuelven los discursos más rancios en banderas de arcoíris, cosmopolitismo y dibujitos redondeados de aspecto inofensivo. Ya no se los ve midiendo cráneos, sino que ocultan el aguijón  envenenado bajo fiestas populares, imágenes nostálgicas de la infancia y las recetas de la abuela. Por eso aunque el crítico señale la obvia desnudez del emperador es tan complicado rehabilitar a quienes caído en su redes, personas que en cualquier otro contexto alzarían la voz ante una injusticia. A base de saturarlo todo con su ideología, los nacionalistas los han condicionado para que no sepan distinguir las frontera entre su moralidad, el folclore local  y un discurso político perverso. 

    En resumen: el mayor desafío no son los voceros ruidosos, sino el teatro de sombras chinescas que las instituciones secuestradas por nacionalistas han creado con tanto esmero. Hasta que ese sistema sea desmantelado lo tendrán muy fácil para seguir presentando al agresor como víctima y viceversa.



*aunque me guste ladrar y me oponga frontalmente al idealismo igenuo no creo que la mayoría de gente sea malvada o solo mire por sus intereses. El problema es que las buenas intenciones no se traducen necesariamente en buenas acciones y además el deseo de hacer el bien  de unos puede ser manipulado por los perversos para lograr sus fines.

jueves, 29 de diciembre de 2022

El mito de la democracia interna

    Hace cosa de diez años estaba completamente a favor de obligar a los partidos políticos a hacer primarias. Ahora creo que un partido que haga primarias es lo más peligroso que puede haber porque ello  provoca el ascenso de lo peorcito de la humanidad. Los grandes del partido se dedican a crear camarillas de aduladores donde sólo les dan la razón y los puestos de responsabilidad caen en manos de los más inofensivos (zoquetes), corruptibles o sociópatas que han ascendido a base de puñaladas. Lo más peligroso de todo es que además de esto las primarias son una ventana para que todo tipo de agentes externos puedan meter mano: así son capaces de encumbrar, hundir o incluso fabricar candidatos. La  "democracia interna" es un peligroso instrumento de subversión para los poderosos, ya que si logran influir lo suficiente pueden colocar a los peores candidatos y evitar que los mejores programas o ideas lleguen siquiera a las elecciones, condenando la nación al estancamiento.

   Por eso hay que quitarse el miedo y desmontar la falacia de que las primarias son una cuestión de democracia. Democrático es el régimen político del país, pero un partido es una libre asociación que se presenta para participar en dicho sistema aceptando las reglas de juego: nada más. Si alguien tiene los recursos y los asociados para presentarse a unas elecciones no es asunto de nadie decir cómo tiene que gestionar su casa. Si no gusta no saldrá elegido y si surgen diferencias en el seno del partido siempre se puede fundar otro. No será más democrático por hacer primarias porque una formación política no es un país sino un pastiche de intereses, egos y rasgos ideológicos. 

   Desgraciadamente en el sistema educativo esa clase de confusiones son cada vez más comunes: no es lo mismo una educación en un país democrático (el lugar), una educación para la democracia (aprender sobre ciudadanía y el funcionamiento del Estado) y la muy abominable educación democrática. No podemos votar que dos mas dos dejen de ser cuatro o que los alumnos puedan dar órdenes al director. Tampoco podemos llenar las escuelas de comisiones que actúen como taifas. Precisamente el confundir estos términos es lo que carcome el cerebro de la sociedad hasta el punto de que después la gente anda perdida por el mundo y se adhiere a cualquier atropello que lleve la etiqueta de democrático, como polillas que se lanzan hacia la luz y mueren abrasadas.



sábado, 9 de julio de 2022

Neutralismo de postín

En los últimos años se ha ido asentando la perniciosa idea de que el liberalismo implica necesariamente una suerte de "neutralismo a ultranza" y mucho me temo que precisamente por eso no nos comemos un colín. Donde esto se ve más claro es en el debate sobre ciertas instituciones, como el sistema educativo, donde algunos liberales insisten machaconamente en términos como objetivo o libre de ideología. El problema de esta clase de afirmaciones es que parten del supuesto inconsciente de que existe algo como una objetividad totalmente aprehensible a la que podemos recurrir rompiendo el cristal de seguridad, idea tan falsa como peligrosamente dogmática. Uno de los hechos indiscutibles de la condición humana es que no podemos abarcar la realidad en toda su complejidad y que por eso nuestro acercamiento a la Verdad ontológica consiste en dar pequeños pasos y comprobar continuamente nuestros cálculos de navegación para corregir los errores que indudablemente aparecerán por el camino. Por eso también contrastamos nuestra información con la de otros navegantes o nos vemos obligados a llegar a un solución de compromiso si nos hallamos ante lo desconocido y debemos tomar una decisión.

    La creencia de que uno puede llegar a hallarse en posesión de la verdad definitiva es propia de tiranos, no de defensores de la libertad. Asumir algo así te ciega, imposibilita la conversación y reduce todo lo neutral a significantes vacíos, siempre vulnerables al ataque por parte de quienes dicen que no existe verdad en absoluto y en cambio persiguen que todo sea según su doctrina milagrosa.... en otras palabras: es abrir la puesta a aberraciones como las verdades de estado. Por tanto, pedir neutralidad a un profesor o a un político es lo mismo que no pedirles nada o entregarles las llaves del castillo para que impongan lo que les parezca.

    Si a alguien realmente le importa la verdad su preocupación no deben ser los espacios neutros sino la virtud. Eso es lo que hace que uno sea prudente y  honesto consigo mismo o con los demás. Los proponentes de pseudoneutralidades opuestas no pueden más que ladrarse entre ellos, mientras que quienes persiguen una conducta virtuosa de partida reconocen que existen limitaciones de partida que por el mero hecho de existir dan valor a las aproximaciones ajenas. De eso es de lo que deberían hablar los liberales y dejarse de milongas esperando sentados a que la historia les dé la razón: su aproximación a realidad es sólo buena (o al menos superior a las derivadas del marxismo) en la medida en la que se deriva del escepticismo y tiene en cuenta la vastedad de lo desconocido, no de recurrir a supuestas leyes históricas y decir al mismo tiempo que no existen.

jueves, 24 de marzo de 2022

La pregunta que deberían hacerse

Frecuentemente quienes afirman que España se equivocó de bando y en su momento deberíamos habernos arrimado a Rusia o a China suelen ser también críticos no con la deriva de la Modernidad sino con la Modernidad en sí misma. El problema es que (sin quererlo) ellos también son Modernos y por eso dan por sentadas cosas como la individualidad, la actividad crítica que ejercen y la noción misma de Razón: asumen que abonando bien la tierra surgen rápidamente en cualquier lugar. También dan por sentado que si se cumplieran sus fantasías y brotara por arte magia un segundo imperio español omnipotente ellos serían los reyes filósofos, o al menos su discurso sería escuchado en los salones de los poderosos.

Sin embargo un vistazo desapasionado de lo que hay más allá del limes revela un mundo donde la ciudadanía no está ni se la espera, y donde quien se atreve a sugerir una alternativa o criticar lo establecido no tiene que preocuparse de palabras hirientes en Twitter, sino de ser brutalmente castigado o directamente desaparecer. Incluso dejando a un lado las represalias de EEUU ante un hipotético volantazo por nuestra parte, los malos olores (de las aún peores compañías) tienden a pegarse. Por eso más allá de Occidente hay manos que no deberían estrecharse jamás, y de hecho con lo que sabemos a día de hoy hacerlo no debería pasar ni por la imaginación del más cínico. Con esto quiero decir que no debemos confundir el deseo de poner coto a los principales problemas de la nación o el regreso a la preeminencia internacional con vaguedades donde la palabra “España” es un significante vacío que permite pactar con el diablo o acallar la voz de la conciencia respecto a la sociedad en la que uno quiere vivir. Quienes conocen algo de historia moderna saben que los vapores arremolinados en tales abismos generalmente albergan voluntades secretas o al menos contienen las condiciones para que algún sátrapa oportunista cargue de cadenas a los ingenuos que le han encumbrado.

Los discursos surgidos a raíz de la invasión de Ucrania por parte de los rusos han hecho más patente una división que desde hace tiempo viene gestándose en la derecha española: aquellos que luchan por el sueño una España fuerte (la que sea mientras tenga el envase apropiado) y aquellos que creemos que la decencia o las libertades (el ejemplo) deben venir antes que la proyección exterior. Quienes se golpean el pecho ladrando geopolítica o realismo cada cinco minutos harían bien en recordar que ese Maquiavelo a quien tanto adoran reserva también un lugar especial a la conducta virtuosa o a la importancia del disenso en el seno de la República. Eso es lo que nos separa de los bárbaros.

La primera pregunta que debe hacerse un patriota no es cómo armarse o presentar batalla, sino por qué vale la pena luchar. Por eso les confieso que por muy poderosa que llegara a ser, una España temida e indecente sería para mí tan enemiga como una tiranía extranjera. Quizá incluso más, ya que la liberación tendría prioridad sobre cualquier conflicto exterior.

miércoles, 26 de mayo de 2021

Homo boomerensis y obamaceno

Hace ya algunos meses escribí en cierta red social dos entradas sobre temas más relacionados de lo que parece: la definición de boomer y el mito de una supuesta edad dorada liderada por Barack Obama. He decidido hacer un apaño y combinarlos.

Como muy acertadamente dijo mi corraphaeliano Carlos: es hora de morir


Desde el momento en que hay individuos que exigen a los jóvenes adultos seguir un modus vivendi de hace treinta o cuarenta años para a cambio no recibir ninguno de sus beneficios, soportan comerse los anuncios de la tele o no comprenden que en el bolsillo llevan una biblioteca donde puede consultarse todo el conocimiento acumulado por la humanidad hasta para las cuestiones mas nimias, la categoría de "boomer" es más que válida. Boomer no es sólo una referencia a la generación del Baby Boom (el origen real del término), o a ser un negado con la tecnología. Esas son definiciones fáciles, poco interesantes y además puede haber boomers menores de cuarenta años enfrentados a jovencitos de ochenta. 

    Los verdaderos boomers son quienes creen vivir aún en el mundo que murió hace dos décadas, que ya entonces llevaba mucho en decadencia. Que ven en las noticias saltar incendios aquí y allá pero no tienen el más mínimo interés en informarse del por qué de esos fuegos que consumen nuestra civilización. Que creen que siguiendo caminos trillados los que venimos después podremos tener en un periquete una casa con césped, perro, coche, familia y una pensión asegurada tras jubilarnos... y que si no tenemos todo eso es porque somos unos miserables. O peor: conocen el estancamiento de nuestras sociedades pero por pura inquina quieren hacer pasar a los demás por el mismo tubo que les dio cierta comodidad a cambio de volverlos unos cínicos.

 Porque a los demás también nos toca sufrir, supongo. 

    Así son los boomers de la tele, del periódico, de wall street, del gobierno y de los partidos políticos. Mucha caña se da a los millenials (y a veces con razón), pero si hay tantos ofendidos profesionales y gente enferma es precisamente esos boomers, que han desmantelado completamente la capacidad de adaptación y resiliencia de sus alumnos, amigos, hijos y audiencia. Que les han prometido un mundo que ya no existe y les han impedido aprender a recuperarse de las expectativas rotas. Poco escarnio han recibido, en mi opinión, porque con creces merecen el calificativo peyorativo por el que ahora se los conoce.

    Son culpables también de haber encumbrado a la actual clase política en la mayoría de países de nuestro vecindario y no echarla a la calle cada vez que se prueba como un fraude. En el caso de España hemos pasado por el abisal Zapatero, famoso por remarxizar a un PSOE que muy tímidamente se había liberalizado y resucitar las fantasmagorías del fin de la historia o el regreso a un estado adánico pre-guerra civil; y por el cobarde Rajoy, hombre de otro tiempo carente de toda iniciativa y temeroso de las ideas. A Rajoy lo pusimos ahí para poner parches en las vías de agua abiertas por Zapatero y se mantuvo en el poder para contener a sus hijos ideológicos, a los que él (bueno, realmente su vicepresidenta) dio alas. Ahora tenemos a Sánchez ¿y qué podemos decir de él que no haya dicho ya? Si Zapatero fue abisal, el actual presidente directamente es antimateria con ego.

    Pedro Sánchez juega a ser una especie de Barack Obama de cuarta o quinta fila, y lo hace porque seguramente Iván Redondo (hechicero de la corte) le ha aconsejado apropiarse de un mito que caló en en ciertas capas de la sociedad. Y Obama en su día ya era heredero del mito del pudo ser representado por la figura de Kennedy, aunque dándole un barniz de este siglo.

    Se me hace curioso que en el universo boomer Obama siga teniendo tan buena prensa, lo ven como una especie de santo. Y eso que el premio Nobel de la paz participó en doce conflictos armados, autorizó operaciones de comando en siete países (que sepamos) , mantuvo catorce mil hombres en zonas de guerra (sin contar otros despliegues) y promovió cambios de régimen que abocaron a la inestabilidad y a la guerra civil en muchas naciones, sobre todo en Oriente Medio. Sólo en 2016 lanzó 26.171 bombas. La crisis migratoria en Europa y los discursos importados que hacen que en todo Occidente no estemos tirando de los pelos son en gran medida obra suya. Obama también radicalizó la política migratoria iniciada por Clinton y continuada por Bush:  baste decir que las famosas jaulas para niños en la frontera con Mexico las puso él y no el macaco anaranjado que lo siguió.

¿Por qué sigue siendo un referente para tantos? ¿Y por qué ahora estamos tan emocionados con el gobierno del que en su día fue el vicepresidente de Obama y un redomado belicista desde su juventud? Estamos completamente ciegos.

El regreso de la weltpolitik


Indultos y razón de estado

Nicolás Maquiavelo meditando sobre si es mejor la salsa pesto o la boloñesa

Al presidente del gobierno deberían recordarle que si existe la ley es precisamente para que las cosas se decidan por parámetros ajenos a la venganza. Y aún así, tras la moción de censura, Sánchez estiró el chicle para que la espada de la justicia no diera de lleno en el blanco y saliera lo que todos sabemos que sucedió: una rebelión. La tesis de la ensoñación no se sostiene por ningún sitio, pero convengan conmigo que pese a no estar de acuerdo debemos acatar lo que dice la sentencia. Como dijo Tolkien en el Silmarillion: quienes defienden el orden frente a la rebelión no deben rebelarse ellos mismos.

    Aquí los únicos que tienen ganas de venganza son los que arrastran un complejo de inferioridad por procesos que se iniciaron hace cinco siglos. No se engañen: antes de que llegara la dictadura franquista las tesis principales del nacionalismo catalán ya existían: y eso que desde la muerte del despotillo no han hecho más que ganar en derechos. Con los líderes catalanes no hay que jugar a nada,  no hay que pasarse de listo, no hay que ir de adulto indulgente frente a unos niños irreverentes. No hay que darles "indultos estratégicos" ni nada parecido porque ellos por propia voluntad violaron la Carta Magna, dijeron que cuando puedan lo volverán a hacer y se metieron en aguas donde ha de prevalecer la RAZÓN DE ESTADO.

    Ya saben ustedes que como liberal tengo mis remilgos con esta cuestión en particular. Evidentemente los derechos de los ciudadanos son inalienables, y especifico esta obviedad porque no deseo añadir más interpretaciones maliciosas a mi hoja de servicio. Por tanto, deberemos clarificar dónde se cruzan  dos aspectos aparentemente irreconciliables de la dimensión social del hombre: por una parte tenemos los derechos individuales, como el derecho a un juicio justo, el de expresión o el de asociación...Y por otro la necesidad de preservar el Estado.

    Tradicionalmente estos dos aspectos se han visto como opuestos, y de hecho tal división sigue siendo más que válida en nuestro días. Pero en este caso en concreto creo que desde una óptica liberal (clásica) tal conflicto puede disolverse si partimos de la pregunta correcta: ¿Qué debe hacer el Estado para que valga la pena preservarlo?

    La respuesta es simple: al Estado hay que preservarlo si es legítimo. Y es legítimo cuando respeta y hace respetar la ley, comenzando por la Carta Magna. Y desde un punto de vista occidental será aún más legítimo si dichas leyes amparan al ciudadano garantizando la coexistencia pacífica en base a sus derechos. En otras palabras: las democracia liberales, con todos sus errores, se legitiman sobre la base de garantizar un marco de tolerancia donde en vez tirarnos de los pelos podemos convivir aun pensando distinto. Y en España no existen leyes a perpetuidad: todas pueden cambiarse con los adecuados procedimientos para adaptarlas al sentir de la mayoría. 

    Por tanto, ya podemos ver la convergencia de ambos caminos en la cuestión de los políticos catalanes. Estado y derecho van de la mano porque los gerifaltes del procés se saltaron la legalidad a la torera, hicieron que la ciudadanía se alzara por una causa ilegítima y además de engañarlos les robaron a manos llenas antes de enviarlos a recibir los porrazos que deberían haber recibido ellos mismos ¡a veces incluso enviaron a los mossos a ablandarles los sesos y después dieron las gracias a los bobos que acudieron al zurradero! Me extraña que aún no se les haya ocurrido cobrar entrada o poner un impuesto sobre el porrazo.

    Los partidos independentistas y asociaciones como Omnium han abierto una sima insalvable en la sociedad y volado por los aires el marco de tolerancia del que hablábamos arriba. De hecho, el presidente catalán rechazó en dos ocasiones acudir a las Cortes a debatir sobre la cuestión. Muchos olvidan también que los catalanes desde los albores de nuestra democracia han tenido derecho a fundar partidos independentistas y hablar de lo que quieran sin trabas. Han ganado elecciones autonómicas y pactado con gobiernos nacionales desde 1978. El "procés" independentista comenzó con la mezcla explosiva de una alta burguesía y población rural abiertamente supremacistas, la crisis económica de 2008 y unos urbanitas a los que Artur Mas mintió para que creyeran que España les robaba cuando en realidad lo hacían él, sus compinches y también sus "molt honorables" predecesores.

    No es ya el mensaje interno y la consabida inestabilidad que un indulto podría acarrear para  nuestra nación, es que desde el principio del procés gran parte de la sociedad catalana ha querido minar la posición de España en el mundo. Es más allá de nuestras fronteras donde la Razón de Estado gana el peso supremo ¿Qué clase de mensaje estamos dando a nuestros rivales en el vecindario global? ¿Que somos un Estado débil en manos de un presidente narcisista, que hace lo que sea para salvar el cuello? ¿Que los indultamos porque sabemos que algo hicimos mal? ¿Que por tanto Bélgica tenía razón al acoger a nuestros enemigos, algunos de ellos terroristas, desde hace décadas? ¿Que un nación europea soberana está con el agua al cuello por culpa de cuatro provincianos de una taifa díscola?

    A día de hoy siguen diciendo que lo volverán a hacer y siguen distorsionando nuestra ya de por sí precaria posición intenacional. Si la España que se hace llamar progresista los indulta lo que hará será probarnos como un país de segunda en el que aún se espera la llegada de la Modernidad. Los indultos son un escandaloso resquicio del absolutismo, y el único acto digno que podría hacerse al respecto es que el Rey, la única persona que dio la talla en 2017, se negara a firmarlos. Sánchez es un egocéntrico irresponsable que no estará para siempre en el poder, pero la monarquía seguirá ahí: si el rey sabe lo que le conviene hará lo posible para evitar que un sociópata con corbata cause daños permanentes. Porque los jueces son intimidables, pero la alternativa para Felipe VI es ser más rehén de lo que actualmente es.


domingo, 7 de marzo de 2021

El elefante, Dios y los liberales

Por si alguien no se ha dado cuenta, en este blog Jonathan Pageau y Jordan Peterson a veces actúan de elefantes silentes en la esquina. El primero es un tallador de iconos ortodoxos aficionado al simbolismo... y respecto al segundo, no conocerlo es sinónimo de haber estado viviendo bajo una piedra durante la última década. En su día hablar de Peterson levantaba pasiones en la esfera mediática, y su reciente regreso a la palestra ha resucitado la polémica sobre su discurso. Sea como fuere, recomiendo suscribirse a sendos canales de youtube porque suelen tratar temas interesantes, se esté de acuerdo con sus propietarios o no.

    He escogido este momento para hablar de la figura de Peterson porque, tras una larga convalecencia y unos años en los que muchos hemos echado en falta sus opiniones sobre actualidad, ha vuelto a hacer un podcast con Pageau, y lo que resulta de dichos encuentros suele ser de lo más interesante. Baste decir que en 2018 hicieron un vídeo sobre la metafísica de Pepe. Sí, me refiero a la rana. Pero no nos desviemos del tema: en el reciente podcast hay un momento en que cualquier individuo que conozca los padecimientos recientes de Peterson y se haya planteado seriamente la cuestión de la relación religión-filosofía se ha de estremecer. Ese momento, combinado con un artículo que acabo de leer, es lo que me ha empujado a escribir esta entrada.

Los iniciados entenderán la referencia


No sorprenderá a nadie la afirmación de que los medios suelen recurrir a hombres de paja para hablar de Peterson. Y los medios españoles no iban a ser una excepción. La suspicacia detrás de dichas falacias la presenta explícitamente Elena Alfaro en su reciente artículo de Vozpópuli: ella y otros informadores padecen una extraña dolencia, caracterizada por un irracional temor a dar apoyo intelectual a la extrema derecha si no tiran una o dos piedras al doctor canadiense. Me cuesta creer que alguien que haya leído su libro o visto una de sus intervenciones pueda decir que Peterson es un gurú de alguna clase de extremismo. Por mi parte comparto las habituales críticas de que a su best seller le falta finura filosófica o que su uso generalista del término posmoderno es incorrecto, pero relacionarlo de alguna forma con el conservadurismo extremo o el fascismo es haberlo entendido todo al revés o ser un vil mentiroso. Por otra parte está el desprecio de la intelectualidad a sus escritos, ya que para muchos es poco más que un gurú medio astrólogo que juega a ser científico.

    ¿Pero de veras podemos llamar a su trabajo autoayuda? Desde luego, aunque visto el panorama social en la juventud no creo que podamos permitirnos el lujo de despreciar esos formatos de fácil acceso ¿Podemos afirmar también que todas sus afirmaciones son científicas? No, aunque él tampoco lo dice en ningún momento, ni está vendiendo su trabajo como un tratado positivista.

    Peterson sencillamente muestra a su audiencia un gran cuento -o una parábola si se prefiere- para introducirla de forma sencilla en un gran relato que está por todas partes y que sin embargo se escapa a cualquier encorsetamiento verbal. Está haciendo un trabajo que normalmente se encontraba reservado a padres y abuelos.

    Que este hombre sea mentado como intelectual útil para tiranías o populismos de cualquier clase es demasiado para cualquiera que conozca sus opiniones. Donde esto se ve de forma más clara no es en las presentaciones para profanos sino en grabaciones de sus lecciones en la universidad (Sobre todo Maps of Meaning). No ya porque normalmente bucea en los orígenes del totalitarismo y trata de prevenir la deshumanización que conlleva, sino porque cualquier espectador que ponga algo de atención puede ver que constantemente se está marcando unos límites nada fáciles en su discurso ¿Vamos a alegar acaso que sus lágrimas en el podcast son algún tipo de montaje? ¿Quién puede quedarse indiferente ante lo que dice en ese preciso momento? Peterson es el primero que toma responsabilidad por sus palabras, y aunque muchos hayan encontrado en sus libros un camino a la religiosidad, él mismo no atraviesa ese umbral. No afirma la existencia de Dios porque sabe que una vez aceptadas ciertas cuestiones de fe es extremadamente difícil establecer los límites del comportamiento justificable. Quizá Peterson hable de religiosidad, pero sigue siendo escéptico en sus afirmaciones porque conoce las consecuencias de una fe desbocada ¿Acaso no es ese también un punto esencial de su crítica al identitarismo moderno?

    Como amateur del simbolismo y graduado en filosofía puedo entender perfectamente la agonía de tener que lidiar con que muchas cosas van mejor si se vive aceptando cierta realidad narrativa... pero al mismo tiempo no poder aceptar la literalidad de su primer principio por los peligros que ello conllevaría para uno mismo y para los demás. Si el filósofo ya es un funambulista la mayor parte del tiempo, quien bucea en las profundidades narrativo-simbólicas en busca del Sentido es prácticamente un kamikaze. Lo que no puedo ni quiero imaginar es qué nivel de tensión ha tenido que acumular el doctor Peterson por ser todo esto y además un ídolo de masas que transmite esas ideas a un público que lo trata de figura paterna. Por no hablar del efecto de dichas cuestiones espirituales en su reciente convalecencia, enfermedad que sus muchos enemigos han explotado de un modo completamente rastrero y deshonroso durante los últimos meses.

    Como he adelantado, el artículo de Alfaro es uno de los motivos que me han impulsado a posicionarme sobre lo que Peterson representa. No ha sido leer el artículo en sí, sino verlo compartido y alabado por políticos supuestamente liberales. No es la primera vez que veo esta clase de discurso en políticos del establishment, que también han pasado por el aro de criticar a los youtubers que se van a Andorra y otros tantos tópicos que uno esperaría ver en boca del visir de Chávez

    ¿Qué demonios les pasa a los liberales españoles cuando se asientan en el poder? ¿Acaso vuelven trastornados de sus viajes a Bruselas? ¿Tan socialdemocratizados están que alguien que promueve la responsabilidad individual, el pensamiento crítico, el escepticismo y el sentido común les parece un peligroso extremista?

Enlace al Podcast: https://www.youtube.com/watch?v=2rAqVmZwqZM

miércoles, 3 de marzo de 2021

A la tercera no va la vencida


Una tercera república es posible pero no deseable. 

    Esto es así porque las repúblicas no son nada sin buenos republicanos. En primer lugar, la ciudadanía no sabe qué es una república o por qué fracasaron los anteriores intentos de establecer regímenes de ese tipo en España. Aunque pueda resultar irónico, la romantización de la Segunda República va en detrimento del triunfo de una tercera, sobre todo porque basta echar un vistazo al discurso republicano actual para ver que volveríamos a repetir (de hecho, estamos repitiendo) punto por punto los errores de nuestros antecesores.

    En segundo lugar y respecto al ya mencionado discurso, las fuerzas parlamentarias que a día de hoy abogan por esa forma de gobierno carecen de toda virtud cívica o espíritu eutáxico necesarios para impulsar una república que perdure. En otras palabras: venderían un pedazo del país o nos harían esclavos de potencias o capital extranjero con tal de retener el poder en sus manos.

    En tercer y último lugar, la república es incompatible con la clase política actual porque las auténticas (no las populares o con democrática en el nombre) se caracterizan por -además de la división de poderes- un equilibrio entre el pueblo y élite: hay comportamientos que se consideran tan inaceptables que deslegitimarían al gobierno y por tanto autorizarían a la ciudadanía a alzarse contra los abusos. En una verdadera república políticos y funcionarios deben su lugar a la vocación de servicio y al mérito. En cambio, en la España de nuestros días uno se hace mandarín para vivir cómodamente del dinero del contribuyente.

    No me tiembla el pulso al escribir que fui republicano hasta 2017, cuando la monarquía se probó como la única institución a la altura mientras el gobierno estaba ausente en el transcurso del mayor desafío que ha vivido nuestra democracia. Eso desde luego paga con creces cualquier daño que el anterior monarca pudiera hacer a la imagen de su Casa. Y por otra parte, no quita que debería ser juzgado no como cualquier ciudadano, sino con el agravante de que en calidad de monarca se lo presupone modelo de ejemplaridad.

Alegoría de la I República

jueves, 18 de febrero de 2021

El año de la amnesia

 El tiempo transcurre más rápido de lo que parece. Aunque tengo la sensación de que solo han pasado meses, hoy rememoro la percepción del Covid que tenía hace un año, apenas unas semanas antes de que comenzara el caos que hoy muchos se apresuran a empujar bajo la alfombra. Y es que por mucho que ignoremos las imágenes, palabras y el hueco dejado por los que se han ido seguirán ahí. Querer olvidar esto es rechazar un conocimiento que podría ayudarnos a prevenir situaciones similares en el futuro y a mejorar como sociedad.

    A finales de 2019 y Enero de 2020 el público occidental no estaba al corriente de lo que sucedía en Wuhan. Los medios tradicionales disponían de poca información y además no querían mostrar nada que pudiera disgustar al capital chino. La OMS, como supimos más adelante, hizo caso omiso de las serias advertencias de Taiwán y otros países. No sucedía lo mismo en Internet, puesto que aunque Twitter o Youtube dificultaron la difusión de ciertas imágenes muchos llegamos a verlas: hospitales saturados, recepciones llenas de camillas o gente conectada a bombonas, personas dependientes muriendo de hambre, pilas de ataúdes y las más que sospechosas columnas de humo, que se elevaban en Wuhan mientras el PCC negaba la mayor y ordenaba arrestar a los sanitarios que quisieron advertir al mundo de lo que estaba sucediendo.

    Debo reconocer que en Diciembre y Enero tuve miedo de la misteriosa peste, pero a medida que pasaban las semanas y veía que los medios generalistas españoles no se estaban haciendo eco de nada rebajé algo mis preocupaciones: quizá no era nada grave, pensé, quizá en la sobrepoblada Wuhan se les había ido de las manos por una cuestión de organización y ceguera provocada por el orgullo patrio. Esta laguna informativa fue seguida de una campaña de burlas y menosprecio por parte de muchas figuras mediáticas, quienes se supone están más al corriente de lo que sucede en el mundo que el ciudadano medio. Quizá por eso me confié y al final mi comentario principal sobre el virus chino fue "esto no es tan grave pero debería servirnos de advertencia por si acabara llegando algo peor. La ingenuidad y el bienquedismo en materia fronteriza que Europa está demostrando en los últimos tiempos podrían hacernos mucho daño"

    La verdad es que me equivoqué completamente al fiarme del ambiente social antes de las imágenes que había visto las semanas anteriores: "el algo peor" estaba delante de nuestras narices . Además de la falta de información el virus se convirtió en una cuestión ideológica mucho antes de Marzo: quienes ahora se rasgan las vestiduras y buscan negacionistas bajo las piedras por aquellas fechas estaban quitando hierro al asunto, animados por el ascenso de un gobierno afín. El triunfo de la política de gestos hizo que los ciudadanos no nos diéramos cuenta del terreno pantanoso hasta que el agua nos llegó al cuello. En menos de veinticuatro horas el discurso institucional, mediático y de los activistas cambió radicalmente: de alentar las concentraciones masivas, saturar del transporte público y burlarse de quienes advertían del peligro pasaron a las caras pálidas. El famoso "les va la vida" de Carmen Calvo acabó siendo cierto, aunque no en el sentido que ella habría deseado. Más tarde supimos muchas otras cosas sobre la actuación del poder en esas horas fatídicas, ninguna de ellas buena.

    Durante el confinamiento vimos una indignidad tras otra: periódicos alabando la gestión de la satrapía que no pudo contener al virus, políticos diciendo que no pedirían perdón, supimos del cese de los especialistas que advirtieron de lo que se nos venía encima, vimos presiones gubernamentales para fiscalizar la opinión pública, golpes internos en las fuerzas de seguridad estatales, periodistas fantasma y una demostración tras otra de la total bancarrota moral de la clase política y mediática. No digo más porque no tengo espacio ni ánimo para relatar tanta vileza. Un año y más de cincuenta mil muertos después nuestra economía está arruinada, no ha dimitido nadie, no se ha reconocido ningún error y los juzgados se niegan a echar mano a los responsables de la hecatombe.

    De la noche a la mañana hasta la oposición se ha olvidado de esas responsabilidades que iban a exigir, y si lo ha hecho es porque los integrantes de los partidos políticos lo ven como una cuestión de clase, tan separados como están de sus electores ¿Qué es eso de procesar a políticos? Quizá puedan deshacerse de alguno cuando lo pillan robando, pero sean diestros o zurdos a los políticos jamás se les ocurriría permitir que el vulgo pudiera exigirles responsabilidades. Pueden pelearse entre ellos por el poder, pero no abrirían jamás ese melón.

    Sin embargo, lo que me disgusta más de este asunto no es la actuación de una minoría con el corazón podrido. El fracaso de la mal llamada nueva política probó que no hay excepciones cuando se trata de la catadura moral de nuestros gobernantes. El verdadero problema es que aún sabiéndolo no hacemos nada: la ciudadanía nubla voluntariamente su memoria queriendo dejar atrás el dolor, pero como adelantaba al principio de este escrito hacer eso es negarse a aprender de lo sucedido y mejorar. Desde un punto de vista cínico la política española siempre ha sido una economía de males menores, pero en los últimos tiempos tal proceso ha degenerado aún más: a día de hoy hasta agradecemos los puntapiés con tal de que nos dejen lamer las migajas de sus obesas manos.