jueves, 24 de septiembre de 2026
Programados
lunes, 15 de junio de 2026
¿Te parece mal?
La gran victoria de la izquierda española y de los nacionalismos periféricos no consiste en tener un rebaño que justifique todos sus crímenes, sino en haber conseguido que a mucha gente de izquierdas o de centro le dé absolutamente igual lo que ocurre, aunque sobre el papel diga que la corrupción «le parece mal».
Les parece mal, pero se van a dormir tranquilos. Les parece mal, pero solo saldrán a la calle si algún día la derecha vuelve a gobernar. Les parece mal… si es que llegan a enterarse de algo, porque desde que no está Rajoy, andan muy desconectados. Curiosamente, el epítome de esta tendencia lo representan generaciones como la mía: las más maltratadas por las crisis y las decisiones políticas de principios de los 2000. ¡Precisamente quienes conocimos cómo eran las cosas antes y nunca pudimos llegar a disfrutarlas!
Y lo peor: en el fondo de todo esto no está el miedo a ser llamado facha que existía hace unos años. Lo que hay es una indiferencia absoluta y una profunda alergia a reconocerse en los propios paisanos. El tiempo ha demostrado que, para luchar por una sociedad un poco más justa, primero tienes que amar a tu país e identificarte con él, aunque sea un poquitín. Si eso no existe, solo queda el deseo de moralizar o de fastidiar al rival político.
Si para ti España es un chiste, algo de lo que avergonzarse o una no entidad, nunca harás nada porque, en el fondo, aunque veas cosas que «te parecen mal», no tienes la sensación de estar jugándote nada, ni sientes que te estén quitando algo valioso o que lo estén arruinando para quienes vendrán después de ti.
miércoles, 5 de marzo de 2025
Mano izquierda (III)
Veo muchas críticas del profesorado de Filosofía en Baleares a que se reduzcan las horas semanales Valores Éticos de 4º de ESO a la mitad, pero creo que deberíamos reflexionar un poco sobre el motivo real de nuestro enfado.
Nos cabreamos porque nos quitan horas de trabajo y (al poner en entredicho la importancia de nuestra especialidad) cuestionan nuestra valía como individuos. Motivos totalmente legítimos por sí mismos, tanto que no haría falta ocultarlos bajo ideas elevadas o apelaciones al civismo.
No hagamos una vez más el teatrillo de decir que estamos preocupados porque realizamos una función social indispensabilísima, tan importante que si dejamos de hacerlo comenzarán a sonar las trompetas del Apocalipsis. No es así: entre el contenido ideológico de otras materias, las políticas de centro y la acción de las comisiones en la mayoría de institutos ya se hace lo que según el currículum es nuestra provincia. El feminismo, los derechos humanos, el ecologismo y todos los sospechosos habituales saturan tanto el ambiente que nuestra función institucional se ha vuelto obsoleta.
De hecho, las habituales voces afirman que las trompetas del Apocalipsis están sonando ahora mismo. Y yo les digo: ¡Si lo hacen también es gracias a nuestro gremio! Si el alumnado se ha vuelto reaccionario y vulnerable a la desinformación es gracias a que hemos tratado de ideologizarlos tanto que los hemos vacunado contra muchos de esos "valores cívicos y éticos" que les hemos querido inculcar. No sólo somos vectores de la crisis de identidad que atraviesa nuestra sociedad sino que, además, en lugar de erigirnos como el hermético mago de la corte hemos enseñado los trucos a todo el mundo para que puedan desecharnos cuando se les antoje. A este paso veremos al profesor de química o educación física preguntar "¿es esta tu carta?" a una audiencia cada vez más apática mientras nosotros nos comemos las uñas en un rincón.
Quizá la solución a todo este embrollo sea reclamar menos "valores" y más Filosofía. Primero de todo porque así los chavales no se darán con el bordillo al llegar a bachillerato y toparse por primera vez con un tal Platón. Segundo (y quizá más importante) porque en lugar de depender de unos valores "perennes" pero en el fondo más maleables que el plomo nuestros alumnos deberían reflejarse en el espejo de los antiguos pensadores, aprender de sus errores y ver cómo la humanidad lleva milenios enfrentándose a los mismos problemas. Quizá si comenzáramos a creer de verdad que la Filosofía sirve para algo en lugar de simplemente cacarearlo conseguiríamos dar algo bueno a la sociedad y, de paso, ganar algunas horas extra a la semana.
jueves, 27 de febrero de 2025
Mano izquierda (II)
Hoy he acabado de ver la Kermesse Heroica con mis alumnos Secundaria y he de decir que estoy gratamente sorprendido. Han demostrado que podían analizar tramas y subtramas, nadie se ha dormido, no hemos necesitado recapitular y hasta han aplaudido al final.
Parecen nimiedades, pero teniendo en cuenta que es una peli en blanco y negro de 1935 y que son chavales de 2025 lo considero un éxito rotundo. Esto demuestra que si a principio de curso les hablas como adultos y les remueves un poco la sesera son capaces de seguir el ritmo sin problemas. Si la cosa sigue así me estoy planteando poner Rashomon.
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| Hu-há |
martes, 14 de enero de 2025
Mano izquierda (I)
Algo que me sorprende de algunos docente más veteranos que yo es la total falta de paciencia y mano izquierda con los alumnos en sus antípodas ideológicas. Por ejemplo, ya son varias veces que escucho “es que mis alumnos son unos fachas” o “las falacias siempre vienen del mismo lado” , todo porque les han saltado con críticas airadas al discurso interseccional, que a veces se acaban convirtiendo en alegatos machistas o racistas.
Lo que pasa con esos alumnos no es que sean fascistas convencidos... sino que son adolescentes. Por una parte, como en cualquier época y lugar, están poniendo a prueba los límites de sus mayores y se están rebelando contra un discurso institucional que lleva décadas siendo de izquierdas. Por eso se han invertido las tornas y ahora lo punk es ser de derechas. Por otra parte, además de adolescentes son incultos -culpa nuestra- y nadie les enseña criterios fiables a la hora de analizar un discurso, de ahí que traspasen la frontera entre el argumento legítimo y la perorata reaccionaria con facilidad.
El docente debería tener en cuenta estas obviedades y mantener siempre una actitud caritativa ante las personas que tiene al cargo. Una cosa es no tolerar las faltas de respeto e incumplimientos de reglas de convivencia y otra mantener una actitud puramente adversarial que precisamente es lo que acaba llevando a un ciclo de acción-reacción que envenena las relaciones y evita que tomen en serio tus correcciones, porque en el fondo no confían en tí como guía. De hecho, tomar ese camino implica confirmar muchos de los prejuicios que el alumno lleva en la mochila, regando el árbol del resentimiento para crear extremistas genuinos. El profesor, además, no puede ser tan soberbio como para creer que aquellas partes del curriculum que se corresponden con sus ideas están exentas de crítica. Todas las causas, no importa lo justas que sean, tienen puntos flacos en su aplicación ¡Si los chicos de 2025 han salido así después de bombardearlos de propaganda del lado opuesto desde la más tierna infancia por algo será!
Los profesores estamos ahí para mostrar a los chavales que viven en un mundo mucho más grande que sus experiencias cotidianas, y que en él pueden encontrar cosas que les ayudarán a expandir sus horizontes. También, lo queramos o no, somos modelos de conducta incluso para quienes nos desafían. Por eso no podemos quedarnos de brazos cruzados y decir que nuestros alumnos son unos fachas (en su momento eran rojos) sino con mucha mano izquierda llevarlos por el buen camino. Y ese camino no es volverlos conversos de la religión laica que profesamos, sino que acaben el curso viendo entre los “suyos” el monstruo que todos llevamos dentro y respetando genuinamente a alguien cuyas opiniones no comparten.
jueves, 25 de julio de 2024
Nuevos comienzos
Las ideologías derivadas de la Ilustración tienen un problema a la hora de conceptualizar la Modernidad.
En teoría es una avenida hacia la libertad dentro de un marco de mínimos. Se supone que a partir de dicho orden cada individuo desplegará libremente su potencial y, en consecuencia, los grupos humanos se volverán mucho más heterogéneos. Sin embargo, por mucho que asociemos la Modernidad a la ciencia y el orden, lo cierto es que en el siglo XXI es imposible negar que esta se ha probado como una fuerza profundamente entrópica. En la cultura popular se asocia dicha palabra a imágenes de caos y destrucción , dejando de lado un aspecto fundamental: a medida que la entropía se asienta en un sistema sus divisiones internas se desdibujan. Es decir, se vuelve más homogéneo.
Es imposible fijarse en el mundo globalizado o las tensiones presentes en tantos países de nuestra órbita (sospechosamente parecidas entre sí) y negar que esté sucediendo precisamente eso. Nos enorgullecemos de tolerar más divergencias respecto a lo normativo en tiempos de nuestros abuelos, sin entender que estamos peleando con monstruos imaginarios: hace décadas que ese mundo desapareció. Pero eso no significa que haya muerto la normatividad: aunque supuestamente tengamos más margen de maniobra, usamos esa libertad para llevar vidas de lo más uniformes. Si no existiera una norma nuestra cultura no podría haberse vuelto tan sarcástica.
Cada día es más evidente que la pescadilla se muerde la cola y nos encontramos en el final de una era. Esta es la raíz de la polarización que se ha adueñado de Occidente: quienes ostentan el cetro se niegan a aceptar que el pozo de las ideas se ha secado y es la hora de mirar las cosas desde otra perspectiva, quizá una más próxima al hombre de a pie. Con esto no voy a ser equidistante: desde hace mucho la pelota está en el tejado de las fuerzas e instituciones que se autodenominan progresistas. A día de hoy representan el elitismo, el clasismo y el inmovilismo mucho más que los conservadores más recalcitrantes. No puede ser que se asusten cuando cada vez más ciudadanos deciden irse al campo de individuos como Trump pero que su única explicación sea que se trata de paletos fascistas ¡Si la gente se decanta por eso es que algo malo habrán hecho quienes llevan las riendas, digo yo!
En fin. Insisto en que nos encontramos al final de una era, o mejor dicho: el convulso nacimiento de un tiempo nuevo. Si las clases gobernantes y el establishment cultural se niegan a aceptarlo, tarde o temprano acabarán totalmente desplazados. No hay vuelta atrás, y cuanto más nos resistamos a aceptar esta realidad más agitada será la transición y peores las alternativas.
No obstante… es un nuevo comienzo. La promesa de volver a ver el mundo con los ojos inocentes de un niño debería ser suficiente para que aceptemos las privaciones del camino. Cuanto antes nos pongamos las botas y salgamos, mejor.
martes, 14 de noviembre de 2023
What is happening in Spain?
Perhaps some of you have heard that in Spain there are protests by citizens, professional associations and public organizations against a law that the current provisional government intends to approve to gain the support of other parliamentary groups. Many say that this law would de facto abolish the division of powers in the Kingdom of Spain and would put us at the level of a banana republic where politicians from certain parties can commit whatever crimes they want and trample on the rights of citizens with impunity. Fasten your seatbelts, because this is completely true and I'm going to explain you why...
The story of Pedro Sánchez and Catalan separatism is so long and winding that it would require several articles to explain it in detail, but I will do my best to summarize all the most relevant points here, although feel free to ask me for more details. In simple terms, the following is happening: the current acting Spanish president lost the general elections, but since he came in second place he can repeat his term if he obtains enough support from other political parties present in the Congress of Deputies. To achieve this, he intends to approve an anti-constitutional law that not only grants amnesty to politicians convicted or fleeing from justice abroad, but also completely abolishes judicial independence and grants criminals all available resources so that they can commit crimes again, intention they have already expressed on repeated occasions. In fact, not only will they be given those resources, but they will be forgiven for the titanic debt they incurred due to their abysmal management by taking that money from the rest of the Spanish regions.
The beneficiaries of the amnesty will be the Catalan politicians who called an illegal independence referendum in 2017. The Catalan independence movement (“Procés”) has a decades-long history of media gaslighting and propaganda; But for the sake of space, here I am only going to focus on the events that led to the conviction of its later instigators.
Before beginning I must make it clear that although I am strongly opposed to Catalan nationalism, I consider the existence of independence parties is perfectly legitimate. What is not legitimate is that in order to achieve their objectives, these parties or those of any other ideology commit crimes, especially when there are legal channels to pursue their ultimate objectives. It is also important to say that not all of the Catalan population (not even half) is in favor of independence or even has a nationalist ideology. In fact, many people are disgusted that their political representatives and neighbors march with torches like the Nazis did, or that they make perverted use of the law to try to prevent Spanish from being spoken in schools. That is why a large part of the secessionist media apparatus has also made an effort to exploit the disenchantment and indifference of the population with Spanish politics in general, something undoubtedly shared in other regions that have to suffer the same as them. The success of these disinformation media has been to make the population believe that local politicians are the lesser evil, when in reality they are at the center of their problems... and those of the rest of the nation.
THE SECESSIONIST PROBLEM
After being warned many times that a regional government organizing a binding vote to unilaterally separate from Spain was illegal, Catalan secessionists turned a deaf ear and on October 1, 2017 organized a illegitimate referendum. Illegal voting was carried out in schools, using children and the elderly in meatshields and coordinating with various foreign disinformation media. Unlike most of the innocent people who voted (if we are to believe the irregular census provided, only two million of the five million local population voted), the politicians who organized it knew that they had no serious chance of achieving anything, but they went ahead anyway to force the hand of the State, which could not sit idly by in the face of such a challenge. They avidly sought one thing: photos of martyrs and repression for the international press. The Catalan population, even those who were not in favor of independence or were indifferent to it, were deceived by the local media into believing that a legitimate vote was taking place, after months and years of ideological bombardment.
The situation was so serious that there were even fears of subversion in the regional police (yes, the “oppressed” Catalan Generalitat has its own police force), which went so far as to destroy incriminating documents and confront other police forces. In fact, the central government had vetoed the shipment of new ammunition for months, since said force had tried to buy weapons more suitable for war than for police functions. It was later discovered that the Generalitat even had considered the possibility of obtaining support from Putin by creating a military base in the port of Barcelona. Apart from that, there were serious riots in the region by the most radical elements of the independence movement and all types of sabotage were also carried out. Fortunately, many terrorist acts were stopped before they could take place, but their planning has been amply proven judicially.
At this point it is important to explain several contextual elements that totally refute the secessionist argument that Spain refuses to dialogue peacefully with them:
Before the illegal referendum was consummated, the then-regional president Carles Puigdemont (successor of Artur Mas, who initiated the secessionist process) was invited twice to the house of Spanish sovereignty - the Congress - and on both occasions he abruptly refused, claiming that he did not want to participate in an open debate: he just wanted to make a speech, without a response or question round. Precisely one of the reasons why all this is happening is that many territorial issues in Spain are discussed behind the scenes: the politicians of the large national parties have a long history of granting privileges and concessions to nationalist local governments in exchange for their support in Congress. All this would change if the Senate fulfilled its function as a chamber of territorial representation, that is, a place where the representatives of the various Autonomous Communities of Spain could openly say what they think about themselves and their neighbors... Perhaps this is how the the international press would see once and for all the hatred, classism and nineteenth-century supremacism of the ideologues of the independence movement when they talk about the ideological basis of their projects.
The Spanish Autonomic (territorial) system is imperfect, but it is also much more decentralized than that of many federal states. Our Constitution does not have perpetual articles, and in fact it contemplates legal means to alter it or convene a new constituent process. Following the appropriate channels and with a valid majority, the Spanish monarchy could become a republic and the debate on territorial secession could even be opened. However, the leaders of the independence parties and their staunchest followers opted for unilateralism, fake victimhood, and when all that failed, violence; because as their president has already demonstrated, the mask of the peaceful victim quickly slips when they are offered the possibility of having a public conversation about their ideas and they reject it. All of these crimes were financed with public money, that is, with corruption not only towards their own citizens (which would be serious enough) but also towards the rest of the Spaniards whom they claim to hate so much. In fact the unfortunate slogan “Spain steals from us” could not be more false: Catalonia has long been one of the richest regions in Spain, home to many multinationals, with a vast industrial infrastructure, and the seat of many important cultural events; and despite this, it is proven that it is one of the territories where public funds have been managed the worst and money is wasted the most. Despite this, the ex-president of the Catalan Generalitat Artur Mas (convicted of corruption) invented a story of economic grievance with respect to the rest of Spain to try to counteract the massive mobilizations against him during the economic crisis that began in 2008, and in the process attract to the independence movement to non-nationalist citizens, in many cases “charnegos” (i.e. descendants of emigrants from other regions, especially Andalusians) that Catalan nationalist elites have always treated as subhuman.
But returning to the events that occurred after the illegal vote, the central government chose to apply Article 155 of the Constitution in the most lax and brief way possible, that is, without actually suspending Catalan autonomy when it was legal and appropriate to do so. In my opinion that was a serious mistake. Some "Procés" leaders alleged that they would stay in their positions to resist until the end, deceiving their allies and followers while they fled out of the country, with the intention of internationalizing the conflict and creating problems within the European Union. Precisely this escape precipitated the immediate arrest of those who had stayed behind, so that they would not decide to flee as well after risking the integrity of the people they had deceived.
The trial of those responsible for the "Procés" was long and complex, but so that there were no doubts about the court's proceedings, there was total transparency, it was followed minute by minute by all the media and live by the citizens. According to proven facts, if we examine the penal code clearly the worst crime committed by the Catalan leaders was rebellion. In fact, the conviction for rebellion was what the state attorney's office and the prosecutor's office requested, and according to judicial sources it was also what the Supreme Court judges saw. Except for the flight of Puigdemont, who lost much of his power, the Catalan issue seemed, if not completely resolved, at least contained and on the right track. A conviction for rebellion could later have been used to outlaw pro-independence parties for crimes in a fair way: for their crimes, not for their ideas or desires.
THE ARRIVAL OF SÁNCHEZ
But this is where the man called Pedro Sánchez comes into play. Sánchez is a politician from the PSOE -Spanish Socialist Workers' Party- who had been expelled from the leadership of his party for his dubious democratic conduct, among other things. However, what the old guard of the PSOE did not count on was that part of the party's bases (those responsible for choosing the candidate) had gradually become more and more populist. Sánchez took advantage of this to, in an unexpected (almost Trumpian) turn of events, be re-elected as a socialist candidate against all odds. Once settled in that position, he called a successful motion of no confidence against the government of Spain at the time (marred by cases of corruption in the conservative party) and called a general election.
At that time there was a lot of fear that Sánchez needed the independentists, other nationalists and the communists of Podemos to govern. But Sánchez said that there was nothing to fear because he would not agree to anything with them in any case...
The first thing Sánchez did was change overnight the representative of the State Attorney's Office in the trial of the secessionists. The said body immediately went from requesting a sentence for rebellion to one for sedition, and both it and the Government (in a totally illegal and undemocratic manner) exerted great pressure on the court so that this was finally the sentence, with the most lax punishments possible. It should be said that one of the main differences between rebellion and sedition is the use of violence, and this had been widely proven during the trial. At this moment many people downplayed the issue, despite its seriousness. They believed that it would be a momentary measure to ensure the investiture and calm Catalan politics. But Sánchez obviously did not stop there, because although politicians are generally ambitious liars, Sánchez is willing to transcend all the limits of what is acceptable in broad daylight.
After this attack on the rule of law, the leader of the PSOE and his psychophants said many times that they would NEVER pardon the secessionist leaders... only to be proud of doing just that a few months later, when they needed their votes to stay in power. Not satisfied with this, and seeing that with the 2020 pandemic (during which the government stood out for its incompetence and illegalities) their position was weakened, they decided to give another gift to criminals: they eliminated the crime of Sedition from the Penal Code, and reduced the penalties for embezzlement of public funds; crimes for which the secessionist leaders had been convicted. And they did all this while the secessionists repeated the same thing over and over again: that they did not regret the damage caused and that they would do it again. Not content with this, Sánchez ignored the pressure from the European institutions, which demanded that the various bodies of the judiciary should be chosen entirely by the judges and placed a majority of his supporters on the constitutional court, foreseeing that at some point he would need them.
After all these terrible decisions and many others on issues unrelated to this is when we arrive at the current moment. Sánchez and his supporters, before this year's general elections, repeatedly insisted that they would NEVER grant amnesty to pardoned independence leaders (to erase their crimes) or to those who carried out or planned violent acts in Catalonia, much less to the politicians who had fled abroad to avoid being judged. And now, months later, not only are they going to amnesty them all... but they are going to force the judges to close all related cases, they are going to allow those convicted not to return a single cent of the five million euros they stole (only for the illegal referendum, without counting other things) and they are going to forgive all the debt of that regional administration (the result of decades of bad management) with money from the rest of Spain. In fact, Sánchez has already showered the criminal parties with tons of subsidies, and plans to give them control over strategic infrastructure and the total money collected through taxes in the region... so that they can repeat their coup d'état again, but with a greater chance of success and harm for innocent people. But the worst thing, by far, is that the PSOE has included in the pact document the seccesionist claim that in Spain there was lawfare against the independentists, and that for this reason POLITICAL COMMISSIONS WILL BE CREATED TO CONTROL THE JUDGES; just destroying the Separation of Powers, one of the foundations of democracy.... in fact, the key element to preventing tyranny.
Needless to say, all of this is anti-constitutional in a way so obvious that it hurts the eyes... but do you remember what I said before about the Constitutional Court?
Faced with this, not only have the constitutionalist political parties and more than a million people demonstrated in the streets of the entire nation last Sunday, but also countless civil servant bodies, associations, professional associations, bodies of the judiciary, employers' associations and many more. But Sánchez is not going to give in because the only thing that matters to him is staying in power at whatever price is necessary. He is not going to call elections now because the veil of falsehood has fallen and he would have to admit his intentions during campaign. If nothing changes, he will call elections in four or five years. His plan: seeing the economic storms on the horizon, let the economy collapse and subsidize large percentages of the population with public money to create a captive vote. The ultimate goal: for Spain to become something similar to certain Latin American republics that Sánchez has as a model, “democracies” where everyone with half a brain knows the corruption of the ruling party but fears losing subsidies. And if he is still voted out of power, then his radical allies (not just the Catalan secessionists) will seriously and perhaps fatally destabilize a new government trying to fix what the PSOE has destroyed.
This is the most serious challenge that Spanish democracy has suffered, even more so than the attempted coup d'état of 23-F, at the end of the last century. The situation is so serious that only the perseverance of constitutionalists, international support or a miracle can save us. They say that “the price of Freedom is eternal vigilance”, and it is so true that in Spain it was enough for us to fall asleep for a few moments for democracy to crumble. Perhaps we are already lost, but I hope that my story of what is happening here will help open eyes abroad, to prevent the rise of other maniacs blinded by ambition.
viernes, 10 de noviembre de 2023
Es ahora
Las manifestaciones, por masivas que sean, no van a hacer que el actual gobierno decida convocar elecciones. Pero son necesarias para que quienes pueden echarlo o al menos ejercer presión real vean que tienen una oportunidad para cumplir su deber con la constitución y la ciudadanía. Por eso hay que ir, aunque uno no esté acostumbrado, y cuando más seamos más verán quienes aún no se atreven a alzar la voz que no están solos. Y si eso no funciona al menos podrás decir que cuando la casa se desmoronaba te mantuviste de pie y no con la cabeza gacha del esclavo.
Desde mis días de universitario he despreciado las manifestaciones y el mundo asambleario, y llevo como una medalla el no haber ido a ninguna en todos esos años ni los años siguientes, ni haber permitido que ningún colectivo nebuloso se aprovechara de mi presencia. Pero hemos llegado al punto límite: es ahora que hay que dejar caer el manto de apatía que hemos cargado los constitucionalistas todos estos años, de dejarse ver y hablar claro. Si de verdad te preocupa lo que está pasando haz como yo, anula tus citas del domingo y plántate en tu capital de provincia. Y si puedes convencer a alguien de que se sume a un momento tan importante, mejor.
Los nubarrones que se nos echan encima son tan negros que no podemos permitirnos los habituales "es que..." remilgados: da igual que haya gente y partidos políticos que busquen capitalizar las movilizaciones, se están desmantelando los últimos resquicios del estado de derecho y la ciudadanía española. Estamos hablando de tiranía, y frente a eso no hay excusa posible: el deber del hombre libre es alzarse y ser un ejemplo para las generaciones venideras
sábado, 8 de julio de 2023
El mito del retroceso
martes, 16 de mayo de 2023
Legítimo, verdadero y justo
Algunos liberales deberían dejar de pensar que la carta de la legalidad es la única válida para ganar un debate. La legalidad son las reglas de juego, pero las leyes son mutables y sujetas a interpretación o capricho de una clase gobernante con cada vez menos remilgos. Una cosa es el imperativo de respetar la ley y otra quedarse sentado creyendo que es una especie de ángel de la guarda o un reflejo de la moral de la ciudadanía
La "ley" tenía que parar los pies a los independentistas y no lo hizo, tenía que convencer a Europa y tampoco lo hizo, debería habernos protegido de los excesos de este gobierno y sólo ha servido para reforzar sus desmanes. En su momento escuché de supuestos liberales que abrir el melón de los indultos o los pactos con Bildu no era algo que se pudiera recriminar al gobierno (que había prometido no hacerlo) porque era " lo legal". Ahora con la cúpula del poder judicial subvertida, las leyes de Montero y la ley educativa lloriquean como si no fuera obvio que algo así iba a suceder, y con los candidatos condenados por terrorismo callan como meretrices esquineras.
La misma gente se reía cuando los independentistas separaban entre el ámbito de lo legítimo y lo legal... y no deberían haberlo hecho, pues ese es el verdadero campo de batalla político de nuestra época. Habiendo quedado más que demostrado que el ámbito legal va a protegernos cada vez menos y poco a poco puede retorcerse hasta convertirse en el escudo de los tiranos, deberíamos reconocer de una vez que debe hacerse un esfuerzo serio para ganarse la mente y el corazón de la ciudadanía que padece esta creciente degeneración. Por eso, señores míos, es hora de deshacerse del agnosticismo moral y comenzar a colocar en el centro cuestiones como la legitimidad, la verdad y la justicia: todo lo que está ausente en las instituciones. Háganse a la idea de que el marco de tolerancia de las democracias liberales ya no existe ni los ideales que lo inspiraron son el punto en común en ningún hemiciclo: todo eso ha sido desplazado por una caricatura dantesca y si no hacemos nada cada vez será más difícil salir del pozo.
jueves, 2 de marzo de 2023
Mil y una máscaras
Siempre me han parecido interesantes las máscaras que el mal puede llegar a vestir para envolver poco a poco a las personas, hasta que escapar es prácticamente imposible . Por ejemplo, en Baleares y en otras autonomías con movimientos nativistas es muy complicado que alguien que no haya tenido un encontronazo lo suficientemente desagradable reconozca que existe un problema y que en el fondo la sociedad mallorquina está siendo tremendamente excluyente. Por mucho que pisen sus derechos cada día o vean injusticias acaban quitando hierro a todo, hasta el punto que no basta con señalar obviedades para convencerlos de que algo funciona mal. Hay que tener la pacienciade invertir un buen rato (hasta horas) en sentarse a desmenuzar mil ejemplos para que una sola persona abducida por la cultura de "lo nostro" abra un poquito los ojos.
Con el tiempo me he acabado convenciendo de que lo que mantiene en pie esta fantasmagoría es una simple cuestión de imagen. El miedo a la represalia y el deseo de trepar a toda costa desde luego están ahí, pero tampoco debemos sobredimensionarlos*. El statu quo nacionalista no sigue en pie por sus dirigentes en la clase política y sus colaboradores en el funcionariado o el activismo, sino porque subrepticiamente hace del ciudadano bienintencionado el principal cómplice. Y esto es posible por muchos factores, pero sobre todo porque saben crear la imagen apropiada: una estética del bien adaptada a las tendencias actuales. Por eso aunque las habituales comparaciones del nacionalismo catalán o vasco con el fascismo son pertinentes (la conexión histórica está ahí) también son contraproducentes ante un público amansado y convenientemente poco educado en dichas cuestiones.
Ahora los nacionalismos periféricos ya no recurren a botas altas, brazos en alto y otros males conocidos; sino que copian la parafernalia de los movimientos por los derechos civiles, anticoloniales y reivindicativos modernos: envuelven los discursos más rancios en banderas de arcoíris, cosmopolitismo y dibujitos redondeados de aspecto inofensivo. Ya no se los ve midiendo cráneos, sino que ocultan el aguijón envenenado bajo fiestas populares, imágenes nostálgicas de la infancia y las recetas de la abuela. Por eso aunque el crítico señale la obvia desnudez del emperador es tan complicado rehabilitar a quienes caído en su redes, personas que en cualquier otro contexto alzarían la voz ante una injusticia. A base de saturarlo todo con su ideología, los nacionalistas los han condicionado para que no sepan distinguir las frontera entre su moralidad, el folclore local y un discurso político perverso.
En resumen: el mayor desafío no son los voceros ruidosos, sino el teatro de sombras chinescas que las instituciones secuestradas por nacionalistas han creado con tanto esmero. Hasta que ese sistema sea desmantelado lo tendrán muy fácil para seguir presentando al agresor como víctima y viceversa.
jueves, 29 de diciembre de 2022
El mito de la democracia interna
Hace cosa de diez años estaba completamente a favor de obligar a los partidos políticos a hacer primarias. Ahora creo que un partido que haga primarias es lo más peligroso que puede haber porque ello provoca el ascenso de lo peorcito de la humanidad. Los grandes del partido se dedican a crear camarillas de aduladores donde sólo les dan la razón y los puestos de responsabilidad caen en manos de los más inofensivos (zoquetes), corruptibles o sociópatas que han ascendido a base de puñaladas. Lo más peligroso de todo es que además de esto las primarias son una ventana para que todo tipo de agentes externos puedan meter mano: así son capaces de encumbrar, hundir o incluso fabricar candidatos. La "democracia interna" es un peligroso instrumento de subversión para los poderosos, ya que si logran influir lo suficiente pueden colocar a los peores candidatos y evitar que los mejores programas o ideas lleguen siquiera a las elecciones, condenando la nación al estancamiento.
Por eso hay que quitarse el miedo y desmontar la falacia de que las primarias son una cuestión de democracia. Democrático es el régimen político del país, pero un partido es una libre asociación que se presenta para participar en dicho sistema aceptando las reglas de juego: nada más. Si alguien tiene los recursos y los asociados para presentarse a unas elecciones no es asunto de nadie decir cómo tiene que gestionar su casa. Si no gusta no saldrá elegido y si surgen diferencias en el seno del partido siempre se puede fundar otro. No será más democrático por hacer primarias porque una formación política no es un país sino un pastiche de intereses, egos y rasgos ideológicos.
Desgraciadamente en el sistema educativo esa clase de confusiones son cada vez más comunes: no es lo mismo una educación en un país democrático (el lugar), una educación para la democracia (aprender sobre ciudadanía y el funcionamiento del Estado) y la muy abominable educación democrática. No podemos votar que dos mas dos dejen de ser cuatro o que los alumnos puedan dar órdenes al director. Tampoco podemos llenar las escuelas de comisiones que actúen como taifas. Precisamente el confundir estos términos es lo que carcome el cerebro de la sociedad hasta el punto de que después la gente anda perdida por el mundo y se adhiere a cualquier atropello que lleve la etiqueta de democrático, como polillas que se lanzan hacia la luz y mueren abrasadas.
domingo, 11 de diciembre de 2022
Veneno
Todo el rollo de la autocompasión y el postureo sobre salud mental en redes sociales tiene que parar.
Está pudriendo el cerebro a los adolescentes, hunde más a quienes tienen trastornos reales y crea individuos para quienes es imposible comportarse en sociedad. En muchos casos lo que hay detrás es una telaraña de rédito social que engendra a monstruos cuya única ocupación es aprovechar el sufrimiento ajeno para tratar de crear juguetes rotos que les sirvan de público.
Estamos en 2022. La época de la sobreenxigencia y la severidad generalizada pasó hace mucho, si es que llegó a existir más allá de la caricatura moderna. Una cosa es dar un empujoncito a la autoestima para ayudar a que una persona en sus horas bajas pueda recomponerse y otra es meter a esa persona en círculo vicioso de autocompasión y victimismo "cool" para que nunca pueda llegar a ser independiente. Hay que volver a inculcar la idea que el primer paso hacia el desarrollo personal y una vida más feliz es reconocer las carencia personales a fin de paliarlas o, si no se puede, compensarlas por otro sitio. En mi caso siempre he sabido que era un inadaptado: desde pequeño noté que algo no encajaba, algún defecto de fabricación que va más allá de mis aficiones, gustos, defectos e impedimentos como la disfemia. A veces es como si hubiera una barrera invisible entre un servidor y la mayor parte de mi generación, y eso ha provocado que lo largo de mi juventud me haya sentido solo, incomprendido y miserable. Ninguna de estas cosas es un trofeo que exponer, ni unas credenciales que sacar al presentarse, y sin embargo veo que hoy para muchos adolescente la miseria es una charca de barro en la que se revuelcan y de la que no quieren salir. Todas las conversaciones construyen en torno a eso, hasta el punto que ya no parece la habitual fase de poeta romántico sino un concurso cuñadesco de medición fálica.
También hay que insistir en que uno puede ser y pensar lo que quiera, pero que las interacciones humanas tienen una serie de leyes no escritas que nos vienen dadas. Existe un acuerdo de mínimos al tratar con otros, que se aplica incluso a las personas de las que gente "normal" espera conductas raras. Los raritos de hace diez o quince años aceptábamos (refunfuñando mucho) que aprender a comportarse en sociedad es necesario porque muchas veces es vital ir a sitos o hacer cosas que no nos gustan. Muchos lo hemos acabado interiorizando como una especie de convenio con el mundo exterior (“de acuerdo, lo haré, pero me dejas en paz el resto del tiempo”), pero al parecer esta noción resulta completamente alienígena a las nuevas generaciones: ahora es la sociedad la que en todo momento ha de amoldarse a todos y cada uno de sus caprichos.
Auguro generaciones de hombres y mujeres cada vez más incapaces, y la culpa será nuestra por no haberlos educado para sobreponerse a la adversidad, sino sencillamente señalarla con dramatismo o directamente inventársela esperando un aplauso.
jueves, 18 de agosto de 2022
Barrabás y Medea entran en un bar
El posmodernismo militante y la simpatía por el Mal
Demasiado a menudo los individuos que más machacan con el concepto de justicia social albergan las ideas más erróneas sobre el comportamiento humano y las conceptualizaciones del mal más peregrinas. De estas últimas quizá las peores sean la creencia en que el Mal como tal no existe o más comúnmente que este, lejos de implicar una batalla diaria en el fuero interno de cada individuo, puede ser solucionado a través de buenas intenciones o los sacrificios en el altar de la voluntad general. Es habitual que al señalar las fallas de dicha cura milagrosa el heroico salvador de turno recurra al "¡Ay! Si tan sólo la sociedad nos escuchara un poco..." y no hace falta rascar mucho para ver que detrás de dichas palabras se esconde el "¡Ay! si me dieran la razón sin rechistar..." y si nos atrevemos a explorar un poco más vemos que detrás se abre una escalera de caracol que desciende y desciende hasta llegar al "¡Ay! Qué bien estaríamos si cambiárais vuestro libre albedrío por los dictados de mi ideología". Lo mejor al encontrarse con dichos admiradores de Mao, a quienes regresaremos un poco más abajo, es poner tierra de por medio, pues en vez de perseguir un bien realizable lo confunden con un mundo moldeado según su capricho. Y cuando esto se demuestre imposible ¡ay de quien se cruce en su camino! Afortunadamente no muchos llegan a tocar poder real y tienden a matarse entre ellos si lo consiguen, pero es más común es que se limiten a recrear sus fantasías en la ficción.
Sea como fuere, el mal en la esfera humana es una realidad cotidiana, algo ante lo que debemos prevenirnos. Generalmente lo hacemos por dos vías: la formación del carácter y las acciones comunitarias. Así planteada, tal división puede resultar engañosa porque parece un distinción entre lo personal y lo colectivo. No lo es. La formación del carácter a través de la socialización y -más en concreto- la educación no sólo nos da herramientas para desarrollar cierto autocontrol, sino que el saber que otros individuos pasan por un proceso similar asienta un marco ético común. Esto es lo que nos permite esperar ciertos mínimos por parte de nuestros conciudadanos y tener un sustrato común sobre el que discutir cuando surgen desacuerdos... en vez de temer un asaltante armado tras cada esquina. Sin embargo esta vía no es infalible: hay individuos que se escurren por las grietas del sistema y no acaban de desarrollar su sentido moral, también hay sujetos con valores radicalmente opuestos a los nuestros y por si fuera poco individuos con trastornos de antisociales de nacimiento. En términos sencillos esto significa que a menos que de repente nos convirtamos en robots existe una nada despreciable posibilidad de que en algún momento las cosas se pongan feas. Aquí es donde entra el seguro: las medidas concretas a las que la sociedad recurre para frenar al malhechor. Esas medidas, a menudo recogidas en alguna clase de código, son ante todo castigos y, ante amenazas mayores, la autodefensa mediante la fuerza de las armas. Para no complicar más el asunto, centrémonos en lo primero.
Curiosamente, muchos de ya citados tiranillos muestran sus cartas poniendo un énfasis positivista en rehabilitar (curar) al culpable al tiempo que desprecian toda contrición. Con esto, demuestran tanto sus prioridades como su ignorancia. El objetivo del castigo justo no es infligir dolor sino ofrecer protección inmediata a la víctima y prevenir conductas similares en el futuro. Esto muchas veces se consigue apartando al agresor del grupo por un tiempo además de obligarle a saldar su deuda. Se aplica (en distintos grados) al que comete falta grave o hace trampas en un juego, al estudiante que perjudica a sus compañeros o al ladrón. No menos importante es el efecto disuasorio que ello conlleva para todo aquel que en el futuro pudiera sentirse tentado a seguir ese camino. Sólo una vez hemos asegurado el castigo, ya que la prioridad es la salvaguarda del inocente, podemos centrar nuestra atención en la rehabilitación del culpable y (previo arrepentimiento y buena conducta) la clemencia o las segundas oportunidades. Sin embargo, como ya hemos hemos adelantado, en nuestro tiempo prosperan los individuos que prefieren darle la vuelta a la tortilla. Siempre ha habido (y habrá) personas que, aun considerando un servidor que están muy equivocadas, se ven atrapadas en la compasión hacia el castigado porque tienen buen corazón y se ven reflejadas en esa la falibilidad que comparte todo el género humano. Sin embargo, tales individuos no son el objeto de mi crítica, sino quienes ven corrompido su sentido de la justicia por una identificación que aun siendo muchas veces inconsciente resulta siniestra y preocupante.
El origen de la mentalidad de quienes defienden el indulto* o la equidistancia con la víctima de abusones, delincuentes comunes y hasta terroristas es rastreable en el interés del discurso posmoderno en lo marginal: mientras deslegitiman las grandes tradiciones e instituciones muchos de estos críticos se identifican con otros relatos, sobre todo aquellos que cuestionan al enemigo común que ven en la civilización occidental. A gran escala podríamos señalar la dulcificación del islamismo por parte de algunos progresistas, el discurso de que el verdadero comunismo nunca se puso en práctica o la pervivencia de variantes del mito del bon sauvage que los lleva a apoyar hasta a los nacionalismos más disparatados si tienen la más leve pátina indigenista. Parece que vivamos en una de esas pinturas apocalípticas donde el mundo se invierte y los muertos salen de fiesta o los animales de granja cabalgan sobre sus amos: el maestro teme al alumno pero el Estado lo usa para adoctrinar y usurpar la autoridad del padre, quien a su vez teme al profesor y desconoce los pronombres de su hijo, a quien por supuesto ha consentido hasta convertirlo en un monstruo ególatra incapaz de vérselas con la realidad. En un contexto así es normal que los referentes heroicos de antaño se hayan vuelto impopulares, irrisorios o directamente anatemas que no se pueden ni mencionar en público, mientras que los villanos poco a poco se van convirtiendo en referentes. Esto podemos verlo en el encumbramiento en la ficción de masas no ya de personajes a los que la etiqueta de antihéroe noventero les viene grande, sino directamente son encarnación del mal y la psicopatía sin tapujos.
Conste que no me refiero al interés estético que puede suscitar el antagonista carismático, la canción pegadiza del malo de opereta o el soliloquio de cualquier villano shakespeariano (aunque a veces comienza así), sino a la identificación personal de muchos progresistas con lo peor que ha visto la ficción**, hasta el punto de que los grandes estudios de cine o televisión ya producen material que persigue eso. Quizá sea porque cínicamente quieren explotar ese nicho o porque contratan a guionistas incapaces de superar la fase de adolescente 𝑒𝑑𝑔𝑦 en la que apoyan la estupidez de moda para escandalizar a sus mayores y después victimizarse. El discurso subyacente siempre funciona igual, lo mismo da si se trata de una de superhéroes o el remake sin alma de un cuento de hadas: puedes cometer las peores injusticias o los actos más crueles si das penita porque en el pasado te menospreciaron, oprimieron, traicionaron, no te reconocieron como igual al instante o sencillamente no te comprendieron. Eso de las víctimas colaterales es un mito. Así, debemos ignorar deliberadamente las advertencias de las tragedias y convertir en heroínas a Carrie o a Medea (o Maléfica, Wanda o cualquier otra revisión posmoderna del tópico brujeril) y recoger firmas para que dejen libre al Joker de nuevo con la esperanza de que se modere un poquito. A lo mejor hasta se animan a venir a la concentración por el amor libre según la iglesia local de Slaanesh***.
Bromas aparte, el foco de interés en muchas de estas narraciones subversivas puede resumirse en el discurso egocéntrico (casi solipsista) del inadaptado resentido; no la búsqueda de su lugar en el mundo, la redención a través del sacrifico por algo que valga la pena o una gran aventura en pos del Sentido de las cosas. Atrás quedaron esos días en que el hazmerreír del instituto se convertía en el admirado héroe local o esos anónimos Montaraces protegían de horrores innombrables a las gentes de la aldea de forma completamente desinteresada. Ante todo, el éxito de las historias subvertidas proviene de buscar la satisfacción momentánea vendiendo que se hace "justicia" con los peores métodos, es decir, una válvula de escape para el lado más oscuro de la mente del espectador que complementa a la perfección los calmantes morales de las causitas a las que suele adherirse cierto tipo de persona. Si miramos tras el telón sólo vemos la venganza de un individuo contra el mundo: la misma fantasía enfermiza detrás de los tiroteos en escuelas, disfrazada y embotellada para el consumo generalizado.
Alegoría del matrimonio entre la Maldad y el Diablo |
*exceptuando, claro está, el hiperpunitivismo asociado a ciertos temas ideológicos
** aunque sí podríamos considerar la interpretación en los siglos XVIII y XIX del Lucifer que John Milton presenta en El Paraíso Perdido (1667) el origen de la forma que tienen los posmodernos de interpretar las narraciones arquetípicas tradicionales: siempre es un gran engaño relacionado con el poder y autoridad para describir lo existente. Por supuesto, obvian que la serpiente y la manzana, lejos de ser símbolos de la liberación, representan el inmenso drama de la pérdida de la inocencia, causada por un odio alimentado (cómo no) por la envidia y la soberbia.
***es decir, con droga, sacrificios, engendros tentaculares y animales de granja
lunes, 6 de junio de 2022
La fantasía es conservadora
La alianza de la fantasía con las ideologías hegemónicas ha dado sus frutos económicos en la última década, pero será su ruina si en el medio plazo no recuperan la fantasía tradicional y la libertad creativa, opuesta al diseño corporativo reinante a día de hoy. De hecho ya lleva provocando rechazo un tiempo: basta ver cómo empeora la recepción de los productos de Disney, Netflix o Amazon.
Los problemas del corporativismo creativo que denuncio pueden resumirse en tres puntos.
- En primer lugar, productores y ejecutivos de todo pelaje vician el proceso para introducir ocurrencias que ellos creen que reportarán en mayores beneficios, ya sea porque creen que harán el producto más atractivo, porque atraerán a inversores ideologizados o reforzarán la imagen "moral" de las empresas que toman partido... al menos en la irreal imagen que ellos tienen de la sociedad.
- En segundo lugar, en muchos casos los departamentos de arte y storytelling han sido usurpados por activistas que desplazan a artistas con las sensibilidades apropiadas o que aspiran a la excelencia. El objetivo ya no es contar una gran historia, sino rodear una moraleja simplona de elementos irreales. A su vez, es común que estos grupos tomen la idea del posmodernismo militante de que todo el espectro de la existencia humana puede reducirse a la lucha por el poder, lo que los impulsa a la intriga o ataque preventivo contra individuos que podrían servir de contrapeso para reencauzar la situación.
- Finalmente, se ha popularizado el dogma de que muchas cabezas piensan mejor que una y que los procesos asamblearios traen invariablemente buenos resultados. El resultado suele ser un popurrí a medio cocinar que no satisface a nadie. Las grandes historias modernas han sido producto de las sutilezas de una sola mente (o unas pocas bien sintonizadas) y no de un coro discordante.
Sin embargo, en la base de la fantasía moderna existe una cuestión metafísica que eclipsa lo dicho hasta ahora: la fantasía es la antítesis del pensamiento utópico progresista*. Toda historia de fantasía tiene sus raíces en los mitos, leyendas y tradiciones. El verdadero proceso creativo en realidad se reduce a cómo presentamos y entremezclamos temas tan o más antiguos que la rueda. Además, cualquier historia para ser creíble ha de tener tanto verosimilitud como esa inexplicable chispa de espontaneidad que apela a nuestro fuero más profundo. No puedes mezclarlo con la aspiración a deconstruirlo todo o a forjar mitos desnaturalizados que además sólo responden a los devaneos morales de una minoría de minorías. Es tanto artificial como insidioso, y se nota. Da igual que intenten camuflarlo bajo mil barnices o capas de pintura: cualquiera que tenga unos mínimos conocimientos de mitología, literatura y sobre todo ciertas sensibilidades narrativas se da cuenta de la estafa al instante.
Lo cierto es que aunque los grandes creadores tiendan a ser individuos incompletos o defectuosos para los estándares de sus coetáneos, es esa barrera que los separa de los demás (y no en pocas ocasiones implica burla o rechazo) lo que les concede un punto de vista único para observar y representar la urdimbre de la existencia. Es una compensación que reciben a cambio de la carencia que los aleja de la normalidad. Y he aquí la médula del asunto: el creador sabe que es un bicho raro, y por tanto (quizá inconscientemente) asume la necesidad de un statu quo que le permite definirse y donde sale a pescar cosas que más tarde usará en sus historias. No podemos hacer cosas nuevas (¡ni siquiera ser gamberros transgresores!) si no reconocemos que hay algo establecido más allá de nosotros. Y no se trata de un proceso unidireccional: aunque la sociedad a veces se ceba injustamente con los que se salen de la norma, si uno de los supuestos monstruos de feria hace algo relevante o toca una fibra sensible es habitual que se le extienda una patente de corso y hasta se celebre su excentricidad.
La diferencia con muchos de los llamados artistas progresistas salta la vista: ellos no se contentan con quedarse en sus torres de hechicero y observar de vez en cuando cómo les va a los habitantes de la villa ¡no señor! Quieren establecer lo que hacen y piensan los aldeanos allá abajo: se creen llamados a definir lo que debe considerarse normal y hasta ser subvencionados por ello. Su resentimiento los lleva a querer conquistar y ser adorados, no a hacer algo bueno que trascienda épocas y personas. Aunque la creación artística sea algo muy personal siempre existe una dimensión desinteresada: el regreso del viajero para devolver el fuego a su tribu o curar al padre aquí toma la forma de ese poso cultural que queda para inspirar a otros incluso cuando su autor ha desparecido y su nombre ha sido olvidado. En cambio, el artista progresista si no se da cuenta a tiempo se acaba volviendo una figura satánica, como Melkor o Sauron en los escritos de Tolkien: por mucho que diga preocuparse por el bien común sólo se ve a sí mismo y, como estamos viendo en tiempos recientes, su única originalidad consiste en deformar la obra de otros.
*es decir, la violación hegeliana de la utopía como género literario, donde lo planteado se sabía imposible desde el principio.
jueves, 24 de marzo de 2022
La pregunta que deberían hacerse
Frecuentemente quienes afirman que España se equivocó de bando y en su momento deberíamos habernos arrimado a Rusia o a China suelen ser también críticos no con la deriva de la Modernidad sino con la Modernidad en sí misma. El problema es que (sin quererlo) ellos también son Modernos y por eso dan por sentadas cosas como la individualidad, la actividad crítica que ejercen y la noción misma de Razón: asumen que abonando bien la tierra surgen rápidamente en cualquier lugar. También dan por sentado que si se cumplieran sus fantasías y brotara por arte magia un segundo imperio español omnipotente ellos serían los reyes filósofos, o al menos su discurso sería escuchado en los salones de los poderosos.
Sin embargo un vistazo desapasionado de lo que hay más allá del limes revela un mundo donde la ciudadanía no está ni se la espera, y donde quien se atreve a sugerir una alternativa o criticar lo establecido no tiene que preocuparse de palabras hirientes en Twitter, sino de ser brutalmente castigado o directamente desaparecer. Incluso dejando a un lado las represalias de EEUU ante un hipotético volantazo por nuestra parte, los malos olores (de las aún peores compañías) tienden a pegarse. Por eso más allá de Occidente hay manos que no deberían estrecharse jamás, y de hecho con lo que sabemos a día de hoy hacerlo no debería pasar ni por la imaginación del más cínico. Con esto quiero decir que no debemos confundir el deseo de poner coto a los principales problemas de la nación o el regreso a la preeminencia internacional con vaguedades donde la palabra “España” es un significante vacío que permite pactar con el diablo o acallar la voz de la conciencia respecto a la sociedad en la que uno quiere vivir. Quienes conocen algo de historia moderna saben que los vapores arremolinados en tales abismos generalmente albergan voluntades secretas o al menos contienen las condiciones para que algún sátrapa oportunista cargue de cadenas a los ingenuos que le han encumbrado.
Los discursos surgidos a raíz de la invasión de Ucrania por parte de los rusos han hecho más patente una división que desde hace tiempo viene gestándose en la derecha española: aquellos que luchan por el sueño una España fuerte (la que sea mientras tenga el envase apropiado) y aquellos que creemos que la decencia o las libertades (el ejemplo) deben venir antes que la proyección exterior. Quienes se golpean el pecho ladrando geopolítica o realismo cada cinco minutos harían bien en recordar que ese Maquiavelo a quien tanto adoran reserva también un lugar especial a la conducta virtuosa o a la importancia del disenso en el seno de la República. Eso es lo que nos separa de los bárbaros.
La primera pregunta que debe hacerse un patriota no es cómo armarse o presentar batalla, sino por qué vale la pena luchar. Por eso les confieso que por muy poderosa que llegara a ser, una España temida e indecente sería para mí tan enemiga como una tiranía extranjera. Quizá incluso más, ya que la liberación tendría prioridad sobre cualquier conflicto exterior.
miércoles, 26 de mayo de 2021
Homo boomerensis y obamaceno
Hace ya algunos meses escribí en cierta red social dos entradas sobre temas más relacionados de lo que parece: la definición de boomer y el mito de una supuesta edad dorada liderada por Barack Obama. He decidido hacer un apaño y combinarlos.
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| Como muy acertadamente dijo mi corraphaeliano Carlos: es hora de morir |
Desde el momento en que hay individuos que exigen a los jóvenes adultos seguir un modus vivendi de hace treinta o cuarenta años para a cambio no recibir ninguno de sus beneficios, soportan comerse los anuncios de la tele o no comprenden que en el bolsillo llevan una biblioteca donde puede consultarse todo el conocimiento acumulado por la humanidad hasta para las cuestiones mas nimias, la categoría de "boomer" es más que válida. Boomer no es sólo una referencia a la generación del Baby Boom (el origen real del término), o a ser un negado con la tecnología. Esas son definiciones fáciles, poco interesantes y además puede haber boomers menores de cuarenta años enfrentados a jovencitos de ochenta.
Los verdaderos boomers son quienes creen vivir aún en el mundo que murió hace dos décadas, que ya entonces llevaba mucho en decadencia. Que ven en las noticias saltar incendios aquí y allá pero no tienen el más mínimo interés en informarse del por qué de esos fuegos que consumen nuestra civilización. Que creen que siguiendo caminos trillados los que venimos después podremos tener en un periquete una casa con césped, perro, coche, familia y una pensión asegurada tras jubilarnos... y que si no tenemos todo eso es porque somos unos miserables. O peor: conocen el estancamiento de nuestras sociedades pero por pura inquina quieren hacer pasar a los demás por el mismo tubo que les dio cierta comodidad a cambio de volverlos unos cínicos.
Porque a los demás también nos toca sufrir, supongo.
Así son los boomers de la tele, del periódico, de wall street, del gobierno y de los partidos políticos. Mucha caña se da a los millenials (y a veces con razón), pero si hay tantos ofendidos profesionales y gente enferma es precisamente esos boomers, que han desmantelado completamente la capacidad de adaptación y resiliencia de sus alumnos, amigos, hijos y audiencia. Que les han prometido un mundo que ya no existe y les han impedido aprender a recuperarse de las expectativas rotas. Poco escarnio han recibido, en mi opinión, porque con creces merecen el calificativo peyorativo por el que ahora se los conoce.
Son culpables también de haber encumbrado a la actual clase política en la mayoría de países de nuestro vecindario y no echarla a la calle cada vez que se prueba como un fraude. En el caso de España hemos pasado por el abisal Zapatero, famoso por remarxizar a un PSOE que muy tímidamente se había liberalizado y resucitar las fantasmagorías del fin de la historia o el regreso a un estado adánico pre-guerra civil; y por el cobarde Rajoy, hombre de otro tiempo carente de toda iniciativa y temeroso de las ideas. A Rajoy lo pusimos ahí para poner parches en las vías de agua abiertas por Zapatero y se mantuvo en el poder para contener a sus hijos ideológicos, a los que él (bueno, realmente su vicepresidenta) dio alas. Ahora tenemos a Sánchez ¿y qué podemos decir de él que no haya dicho ya? Si Zapatero fue abisal, el actual presidente directamente es antimateria con ego.
Pedro Sánchez juega a ser una especie de Barack Obama de cuarta o quinta fila, y lo hace porque seguramente Iván Redondo (hechicero de la corte) le ha aconsejado apropiarse de un mito que caló en en ciertas capas de la sociedad. Y Obama en su día ya era heredero del mito del pudo ser representado por la figura de Kennedy, aunque dándole un barniz de este siglo.
Se me hace curioso que en el universo boomer Obama siga teniendo tan buena prensa, lo ven como una especie de santo. Y eso que el premio Nobel de la paz participó en doce conflictos armados, autorizó operaciones de comando en siete países (que sepamos) , mantuvo catorce mil hombres en zonas de guerra (sin contar otros despliegues) y promovió cambios de régimen que abocaron a la inestabilidad y a la guerra civil en muchas naciones, sobre todo en Oriente Medio. Sólo en 2016 lanzó 26.171 bombas. La crisis migratoria en Europa y los discursos importados que hacen que en todo Occidente no estemos tirando de los pelos son en gran medida obra suya. Obama también radicalizó la política migratoria iniciada por Clinton y continuada por Bush: baste decir que las famosas jaulas para niños en la frontera con Mexico las puso él y no el macaco anaranjado que lo siguió.
¿Por qué sigue siendo un referente para tantos? ¿Y por qué ahora estamos tan emocionados con el gobierno del que en su día fue el vicepresidente de Obama y un redomado belicista desde su juventud? Estamos completamente ciegos.
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| El regreso de la weltpolitik |
Indultos y razón de estado
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| Nicolás Maquiavelo meditando sobre si es mejor la salsa pesto o la boloñesa |
Al presidente del gobierno deberían recordarle que si existe la ley es precisamente para que las cosas se decidan por parámetros ajenos a la venganza. Y aún así, tras la moción de censura, Sánchez estiró el chicle para que la espada de la justicia no diera de lleno en el blanco y saliera lo que todos sabemos que sucedió: una rebelión. La tesis de la ensoñación no se sostiene por ningún sitio, pero convengan conmigo que pese a no estar de acuerdo debemos acatar lo que dice la sentencia. Como dijo Tolkien en el Silmarillion: quienes defienden el orden frente a la rebelión no deben rebelarse ellos mismos.
Aquí los únicos que tienen ganas de venganza son los que arrastran un complejo de inferioridad por procesos que se iniciaron hace cinco siglos. No se engañen: antes de que llegara la dictadura franquista las tesis principales del nacionalismo catalán ya existían: y eso que desde la muerte del despotillo no han hecho más que ganar en derechos. Con los líderes catalanes no hay que jugar a nada, no hay que pasarse de listo, no hay que ir de adulto indulgente frente a unos niños irreverentes. No hay que darles "indultos estratégicos" ni nada parecido porque ellos por propia voluntad violaron la Carta Magna, dijeron que cuando puedan lo volverán a hacer y se metieron en aguas donde ha de prevalecer la RAZÓN DE ESTADO.
Ya saben ustedes que como liberal tengo mis remilgos con esta cuestión en particular. Evidentemente los derechos de los ciudadanos son inalienables, y especifico esta obviedad porque no deseo añadir más interpretaciones maliciosas a mi hoja de servicio. Por tanto, deberemos clarificar dónde se cruzan dos aspectos aparentemente irreconciliables de la dimensión social del hombre: por una parte tenemos los derechos individuales, como el derecho a un juicio justo, el de expresión o el de asociación...Y por otro la necesidad de preservar el Estado.
Tradicionalmente estos dos aspectos se han visto como opuestos, y de hecho tal división sigue siendo más que válida en nuestro días. Pero en este caso en concreto creo que desde una óptica liberal (clásica) tal conflicto puede disolverse si partimos de la pregunta correcta: ¿Qué debe hacer el Estado para que valga la pena preservarlo?
La respuesta es simple: al Estado hay que preservarlo si es legítimo. Y es legítimo cuando respeta y hace respetar la ley, comenzando por la Carta Magna. Y desde un punto de vista occidental será aún más legítimo si dichas leyes amparan al ciudadano garantizando la coexistencia pacífica en base a sus derechos. En otras palabras: las democracia liberales, con todos sus errores, se legitiman sobre la base de garantizar un marco de tolerancia donde en vez tirarnos de los pelos podemos convivir aun pensando distinto. Y en España no existen leyes a perpetuidad: todas pueden cambiarse con los adecuados procedimientos para adaptarlas al sentir de la mayoría.
Por tanto, ya podemos ver la convergencia de ambos caminos en la cuestión de los políticos catalanes. Estado y derecho van de la mano porque los gerifaltes del procés se saltaron la legalidad a la torera, hicieron que la ciudadanía se alzara por una causa ilegítima y además de engañarlos les robaron a manos llenas antes de enviarlos a recibir los porrazos que deberían haber recibido ellos mismos ¡a veces incluso enviaron a los mossos a ablandarles los sesos y después dieron las gracias a los bobos que acudieron al zurradero! Me extraña que aún no se les haya ocurrido cobrar entrada o poner un impuesto sobre el porrazo.
Los partidos independentistas y asociaciones como Omnium han abierto una sima insalvable en la sociedad y volado por los aires el marco de tolerancia del que hablábamos arriba. De hecho, el presidente catalán rechazó en dos ocasiones acudir a las Cortes a debatir sobre la cuestión. Muchos olvidan también que los catalanes desde los albores de nuestra democracia han tenido derecho a fundar partidos independentistas y hablar de lo que quieran sin trabas. Han ganado elecciones autonómicas y pactado con gobiernos nacionales desde 1978. El "procés" independentista comenzó con la mezcla explosiva de una alta burguesía y población rural abiertamente supremacistas, la crisis económica de 2008 y unos urbanitas a los que Artur Mas mintió para que creyeran que España les robaba cuando en realidad lo hacían él, sus compinches y también sus "molt honorables" predecesores.
No es ya el mensaje interno y la consabida inestabilidad que un indulto podría acarrear para nuestra nación, es que desde el principio del procés gran parte de la sociedad catalana ha querido minar la posición de España en el mundo. Es más allá de nuestras fronteras donde la Razón de Estado gana el peso supremo ¿Qué clase de mensaje estamos dando a nuestros rivales en el vecindario global? ¿Que somos un Estado débil en manos de un presidente narcisista, que hace lo que sea para salvar el cuello? ¿Que los indultamos porque sabemos que algo hicimos mal? ¿Que por tanto Bélgica tenía razón al acoger a nuestros enemigos, algunos de ellos terroristas, desde hace décadas? ¿Que un nación europea soberana está con el agua al cuello por culpa de cuatro provincianos de una taifa díscola?
A día de hoy siguen diciendo que lo volverán a hacer y siguen distorsionando nuestra ya de por sí precaria posición intenacional. Si la España que se hace llamar progresista los indulta lo que hará será probarnos como un país de segunda en el que aún se espera la llegada de la Modernidad. Los indultos son un escandaloso resquicio del absolutismo, y el único acto digno que podría hacerse al respecto es que el Rey, la única persona que dio la talla en 2017, se negara a firmarlos. Sánchez es un egocéntrico irresponsable que no estará para siempre en el poder, pero la monarquía seguirá ahí: si el rey sabe lo que le conviene hará lo posible para evitar que un sociópata con corbata cause daños permanentes. Porque los jueces son intimidables, pero la alternativa para Felipe VI es ser más rehén de lo que actualmente es.
miércoles, 3 de marzo de 2021
A la tercera no va la vencida
martes, 15 de diciembre de 2020
La culpa de los filósofos
Como graduado en filosofía no puedo sino avergonzarme al ver que la misma civilización que ha alumbrado a Aristóteles y a Kant ahora se halla sumida en problemas creados por su propia mano, identidades y categorizaciones estériles que poco tienen que ver con la libertad y mucho con crear comidilla política y doblegar voluntades ajenas. Es bochornoso y hasta criminal que tantos filósofos, sobre todo los que tienen el trasero pegado a sitiales o aspiran a ello, se hayan dejado seducir y que en vez de clarificar se dediquen a aplaudir o incluso a dar apoyo ideológico a basura pseudointelectual. Están jugando con fuego como niños irresponsables: piensan que nada de esto tendrá consecuencias; que no se arruinará nuestra capacidad de vérnoslas con la realidad y entendernos pacíficamente con nuestros semejantes ¡a palazos meterían tales entelequias en el sistema educativo y al final volcarán el vagón entero si con ello pueden prenderse una nueva medallita! Da igual la necedad que se diga si suena bien y con ello se consigue otro titular de "filósofo dice", preferiblemente acompañado de una fotografía rascándose la barbilla con expresión inteligente. El pensador se ha creído su propio mito, para desgracia de todos.
Pero mezquindad habrá siempre. Si os soy franco lo que peor me parece es la cobardía que permite que el mal triunfe, ese autoengaño que se escuda en el respeto a los sentimientos o una falsa humildad ante lo que se desconoce... cuando en realidad no es sino tolerar la dispensa general de cicuta, el castigo a la virtud o el desprecio a la libertad, y todo esto por miedo al dedo acusador de la turba.
Por todos es sabido que las lecciones impartidas por Kant (y otros tantos) no versaban sobre sus aportaciones personales, pero que estas acabaron incorporadas al canon de las generaciones futuras por su singular valor, reconocido por todos. Ahora esta cadena se ha roto, tanto porque en nuestros tiempos no importa a nadie el desarrollo de ideas en profundidad como porque cuando lo hay se hunde en un mar de morralla. Irónicamente el progreso que podría suponer la era de la información a nivel de transmisión de ideas se ha convertido en un sumidero donde lo bueno se pierde entre grandes masas de irrelevancia. Al final si el pensamiento occidental tal y como lo conocemos sobrevive no será gracias a gobiernos, academias e intelectuales, sino a pesar de ellos. Serán los heterodoxos, los capagrises, los liminales, y el disperso linaje de los filósofos aún preocupados por la vida y la belleza quienes conservarán el tesoro ahora que la tradición ha sido expulsada del templo. En otras palabras, se salvarán quienes estén en carreteras secundarias bien lejos de lo oficial y su acelerada carrera hacia del barranco del falso progreso.
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